martes, 13 de diciembre de 2011

Biutirrest


El viento embaraza la cortina y ella me roza los pies con su cuerpo hilado grueso, pariendo desesperadamente todos esos hijos del aire. Los recién nacidos se arremolinan en mi cuello, en mis brazos, pasan debajo de las rodillas. No dejan de llegar -ya perdí la cuenta-, y son todos iguales, pero cada uno me sopla un recuerdo distinto: algunos mezclados con el futuro, otros que quizás inventé. El aire fresco adorna las ideas, y el celeste luminoso me hace feliz en los ojos. Las siestas marinas son escasas en este litoral; es un desperdicio dormir. Mejor sentir esos violines perfectos, soñar con las olas, respirar el perfume que dejás en la almohada, y abarajar los rayos de sol que se cuelan con cada bebé.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Axetivia

Ellas piden yogurt a gritos para acelerar sus intestinos.
Ellos ruegan por un milagro a San Axe, para no quedarse solos con su alma y su cebolla.
Ellas quieren que Mr. Músculo les de bola: “¿No gusta pasar a tomar una tacita de café?”. “Debo irme”.
Ellos quieren que una modelo entangada les de un beso de lengua mientras siguen cultivando sus panzas chopperas.
Ellas esperan que en Fox dejen de pasar publicidades de Chanel N° 5 y otros perfumes que valen más que su aguinaldo.
Ellos disfrutan que la misma cadena de TV les refriegue autos a los que nunca podrán subirse.
Ellas mandan “anorexia” al 2020 para saber cómo llegar esqueléticas al verano.
Ellos mandan “ano” al 2020 para que una máquina le haga los carpinchos vía SMS.
Ellas toman Terma con sus compañeras de mamis hockey.
Ellos toman Chivas Reagal con sus amigotes del polo club.
Ellas quieren que la vida sea más light.
Ellos quieren excesos.
Everyone is empty inside.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Conversación civilizoide

-¿Sabés qué? Tu exceso de nostalgia sí molesta. ¿Querías saber qué me pasa? Bueno, ahí tenés lo que me pasa. Cambiá tu colección de Playmobil por un poco de madurez y después hablamos.
-¡Y a mí me tiene las pelotas por el piso tu madurez!
-¡Ohh, qué derroche de creatividad! Touché.
-¿Mi qué?
-Por favor, decime que esa pregunta fue capciosa.
-...
-¿Y?
-Andá a cagar.
-Pará, pará. En serio. ¿Qué fue lo que nos vimos? Es más, qué fue lo que nos volvimos a ver. Porque en este momento no se me ocurre nada.
-Jeje, yo te vi y te volví a ver las t
-AAAHHHHH. Cieeerto, ahora me acuerdo. Tu cerebro fue lo que más me atrajo.
-Jejeje.
-Sí, desde acá veo que se asoma por tu lobotomía. Y otra cosa: te voy a pedir que no me “jejees”. Te podés reír con ja, y hasta te acepto un jo muy de vez en cuando. Pero el je es algo que no voy a tolerar.
-Vos sos la intolerable.
-Basta, por favor. No seas tan creativo.
-Jejeje. ¿Te enojaste?
-Te juro que si yo fuera un zombie hambriento, vos te salvás, Pinky.
-Ja – ja. Qué chistosa... Vení [chuik chuik].
-[#%”!]
-Me gusta hacerte enojar.
-Dejame. En serio...
-[chui...]
-¡Basta! YO te dejo.
-La puta madre. La verdad que no te entiendo.
-La verdad es que no sabés leer señales básicas. En este momento toda mi cara es un stop.
-Ya no se qué es lo que tengo que hacer. Todo te enoja, nada de lo que hago está bien.
-Mirá, me cansé de tirarte tips y no me gusta tener que ponerme en sargenta. Las cosas son así, somos incompatibles. Ya la primera vez fue así.
-Yo nunca te recrimino nada.
-Y bueno, ahora es tu oportunidad.
-...
-¿Y? ¡Dispará, dale!
-Andá a cagar.


[The End]

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cosas que pasan (especialmente, a mi)

Mi costado monomaníaco, aunque infrecuente, suele ser heavy. Cuando se me mete una idea en la cabeza no puedo concentrarme en lo que tengo que hacer; hasta que no consigo expulsarla de mi mente, olvido las demás cosas que me rodean. Como ese día en que se me ocurrió preguntarme cuántos pedos se habrían tirado en la silla mugrienta del trabajo, y me pasé casi seis horas haciendo fuerza con los muslos, tratando de despegar aunque sea un poco las nalgas del asiento. Resultado: un dolor insoportable en las extremidades inferiores, una jornada laboral mediocre, y una sensación de asco exagerada que podría haberse evitado. Pero lo peor fue que una sola idea se acapare mis pensmientos.
Lo que me sucedió hoy tiene que ver con eso: esta tarde iba caminando enmimismada y un poco decepcionada tras malgastar cuarenta y cinco minutos de mi valioso tiempo en un outlet de zapatos donde cada artículo estaba verdadermente out. De repente, el ruido de los autos se acalló, las sombras de los árboles dibujaron siluetas idílicas en la vereda y el viento suave arrastró un perfume que me recordó la adrenalina del primer beso. Ahí estaba, el hombre más hermoso que he visto en los últimos... tres días.
El tiempo se detuvo para que le pueda sacar una radiografía completa, amparada detrás de mis benevolentes lentes oscuros: un metro ochenta, cabello castaño claro al estilo James Dean, remera blanca ajustada, piel mate perfecta, ojos ámbar y una espalda que para poder abrazar debería agregar veinte centímetros a cada uno de mis brazos.
En ese momento sólo podía pensar “¿De dónde saliste? ¡Estás viniendo en mi dirección! ¡Qué bueno que hoy me puse esta camisola! Pero vos, tan hermoso... Espero que te guste comer afuera, ir a recitales, escuchar musica clásica y discutir sobre todo. Si es así ya me puedo morir, fui testigo ocular de la reencarnación de un dios que destila Acqua Di Gio. Pero seguís caminando en mi dirección. ¡Y ahora sólo nos separarán unos inverosímiles 20 centímetros de aire!¡Gracias a la vida que me bañé, y que me volví a bañar en perfume cítrico antes de salir! I'm such a sexy bitc['split']FFFFFUUUCCKKK MYYYYY AAASSSSS! ¡¿Pero cual habrá sido el perro hijo de perra que vino a cagar justo por donde yo tengo que pasar para encontrarme con el candidato a padre de Sofía Elena y Tomás, mis futuros hijos?! Aggghhhh”.
Sí, señores, una sola idea fija me obnubiló, haciendo que mi pie derecho -el más rápido esquivador de heces jamás visto- termine enchastrándose en la más vomitiva pila de excremento canino. Y, paradójicamente, recién venía de un frustrado intento de comprar zapatos, por lo cual no pude cambiarme. Y con esa inmundicia no podía entrar en otra zapatería. ¡Qué ironía la vida, Mirna!
Y todo por babos-digo, obsesiva.

lunes, 24 de octubre de 2011

Razones para temerles a los truenos

Está bien conservar ese infantil terror a los truenos, porque anuncian cosas; como que se va a ir la luz, que un rayo fecundó a la madre tierra, que se acerca el diluvio universal.
Pero, sobre todo, sus rugidos son mil maneras de decir un solo insulto y una sola verdad: que somos insignificantes. Tan minúsculos, que sus gritos ensordecedores no van dirigidos a nosotros, aunque aspiremos a ser ombligos de dios. Los truenos, simplemente, son. Y eso es lo que más asusta; quizás nosotros también, simplemente, somos.
No hay para, por, ni hacia. Hay seis mil millones de basuritas apiñadas en un geoide, flotando a la deriva en la garganta de un titán. ¿Cómo no tener miedo? ¿Cómo ahogar el llanto cuando la saliva del gigante azota nuestra ventana? ¿Cómo saber si hoy no nos va a devorar? A él le importa un bledo. Me gustaría ser ese bledo.
En tormentas como esta, me tienta la idea de asomarme a la vereda blandiendo una vara de cobre y esperar que alguna centella me fulmine, antes que terminar en el estómago del universo.
Pero apenas los gritos se acallan, apenas la saliva se seca, me olvido. Vuelvo al mundo virtual, a preocuparme porque no se hayan dañado los electrodomésticos, a elegir la ropa que vestiré mañana, a preguntarme si te voy a encontrar un día. A darte importancia cuando no sé si existís.
Por eso está bien temerle a los truenos. Son muchas -y buenas- las razones para tenerles miedo.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Extraña coincidencia (My favourite things)

Gatos con bigote, paquetes de papel marrón atados con piolines e inviernos plateados que se derriten en la primavera.
I'm not a believer, but at these blue hours, my mind takes the same refuge as the singin nun. I'm corny. So what?

My favourite things (from "The sound of music")

Raindrops on roses and whiskers on kittens
Bright copper kettles and warm woolen mittens
Brown paper packages tied up with strings
These are a few of my favorite things

Cream colored ponies and crisp apple streudels
Doorbells and sleigh bells and schnitzel with noodles
Wild geese that fly with the moon on their wings
These are a few of my favorite things

Girls in white dresses with blue satin sashes
Snowflakes that stay on my nose and eyelashes
Silver white winters that melt into springs
These are a few of my favorite things

When the dog bites
When the bee stings
When I'm feeling sad
I simply remember my favorite things
And then I don't feel so bad

jueves, 6 de octubre de 2011

Los hombres que no entendían a las mujeres

La frase debería ir en tiempo presente pero, como soy re pizpireta le hago un guiño al best seller para enganchar al lector. Y más les vale a los de la Cosmopolitan que no me la vayan a utilizar para titular alguna nota pedorra, que para eso estoy yo.

Pero, volviendo a lo que nos compete (los hombres que no ententienden a las mujeres), hay un grupúsculo de caballeros que me está empujando a creer que ellos (no todos) son de Marte y nosotras de Playboy. Digo esto porque en repetidas ocasiones en las que tuve encuentros cercanos del tercer tipo (acá va mi cara de vivaracha haciendo otro guiño y un gestito de idea), además de parecer que hablábamos en otro idioma, me dio la impresión de que los marcianos se pensaban que yo era una conejita y que, por ende, obraría en consecuencia. Pero, ante mi negativa, se mostraron sorprendidos, desencajados, ofuscados, anonadados, constipados.

Afortunadamente, fueron pocas las situaciones en las que me topé con malos entendedores, la mayoría de las veces no hicieron falta demasiadas palabras para estar en sintonía. Pero cuando no hay comprensión del otro lado, una tiene que poner el switcher en Modo Sargenta: Activado. Algo que, paradójicamente, confunde aún más a los-hombres-que-no-entienden-a-las-mujeres.

Si algún integrante de ese grupito me está leyendo, le doy un pequeño consejo que puede servir como primer paso para abandonar esa secta y pasar a una instancia superadora: nosotras no somos iguales a ustedes, ni psíquica ni anatómicamente. Es por eso que no nos gusta lo mismo, y eso no debería sorprenderlos. Nadie dice que tienen que nacer sabiendo, pero si sólo afinan el oído un poquito, podran escuchar ese “no, no, no, NO!” que a veces solemos darles como señal de disgusto y dejar de hacer lo que están haciendo. Basta de percibir “síes” camuflajeados, Arjona no sabe un carajo.

Bueno, dado que falta poco para el fin del mundo, vayan a ponerlo. En práctica. Mejor me callo. Chau.