jueves, 25 de julio de 2013

Piliti

Golpetea la mesa y mira algún punto perdido en los arabescos del mantel. La pera y la punta de la nariz parece que en algún momento se le van a juntar. La boina apelmazada, el pantalón 20 centímetros arriba del ombligo. Y esa mirada perdida, que de pronto se posa en mí. El repiqueteo va in crescendo, y tapa la voz plomiza del narrador de la tele.

Le suplico: “basta, por favor”. Silencio breve. Me sigue mirando. Levanta despacito y de a una las yemas de los dedos: vuelve a tamborilear sobre el hule, desafiante. Así me desafía, porque ya no puede darme sopapos. No le queda otra, porque tengo un vocabulario capaz de responder y superar cada una de sus puteadas. En silencio y con bronca repiquetea sobre la mesa. Se escuda en sus 89 años, en la impunidad que le otorga la vejez. Quienes no lo conocen suelen decir "pobre viejito".

Le exige –como siempre- atenciones a la abuela, no deja a nadie tomar un mate en paz, y maltrata a todos –costumbre que conserva desde que tengo memoria. De vez en cuando, también abre la boca para jactarse de su sangre vasca, para decir que las “muchachas” se enamoran de sus ojos verdes, o para recitar guarradas en guaraní. No tiene Alzheimer, está demente, pero sabe bien cómo hacer rabiar a la gente y lo disfruta.

Me llama despectivamente, con mala intención. Cuando estaba bien de la cabeza también lo hacía, se burlaba de mí hasta que fui adolescente y comencé a responderle. Siempre tenía mal semblante, y puteba porque alguien le sacó una herramienta, o porque lo molestaba el perro, el gato, la tortuga, o la cercanía de cualquier ser viviente, en especial si se trataba de alguno de sus 16 nietos. Le molestaba que los chicos jueguen y cuando no estaba durmiendo hacía todo lo posible para interrumpir la más inocente recreación que pudiéramos tener. Despotricaba, castraba, castigaba: así era Piliti.

Mis buenos recuerdos a su lado son tres: cuando me llevaba a la “placita del tobogán bajito”, cuando me daba rhodesias a cambio de un cantito, y una vez que nos regaló zapatillas a mi hermano y a mí.

En cambio, ninguno de sus recuerdos –malos ni buenos- están emparentados con nosotros. O por lo menos, nunca me contó una historia en la que intervinieran la abuela, mi madre, mis tíos, o alguno de los nietos.

Cuando recordaba, era como si monologara. Fui testigo de varios de esos monólogos cuando era chica; monólogos muy breves que ni mamá, ni la abuela habían escuchado. Conmigo no se sentía observado, quizás me percibía como algo más que un potus, como si fuera uno de esos borrachos perdidos que lo acompañaban en las pulperías de Feliciano, que no emitían palabra y apenas prestaban atención a lo que decía.

Pero yo sí escuchaba. Escuché que al tatarabuelo lo mató un malón en el norte entrerriano. Escuché que el bisabuelo era maquinista ferroviario y murió en un manicomio, cuando Piliti tenía 6 o 7 años. También escuché que al enviudar, la bisabuela se volvió a casar y a él lo mandó a vivir con unos parientes a Corrientes, quienes lo hacían trabajar y nunca le dieron un par de zapatos. Su único juguete era una pelotita de goma.

Uno de los datos que más recuerdo, aunque él lo contó como al pasar, fue cuando se enfermó. No tenía más de 10 años y le salió una protuberancia en el abdomen. Sus tíos –o no sé qué tipo de vínculo lo unía a esos parientes- lo mandaron a una curandera. Completamente solo, recorrió varias leguas a pie. Cuando llegó a lo de la mujer, ésta le frotó un mate vacío sobre el abdomen, dijo unas oraciones y lo mandó de regreso. Al día siguiente, la protuberancia había desaparecido.

Supe que fue obrero en una fábrica en Rosario, y que volvió a Feliciano un año antes del golpe del 55’. Fue militante peronista y andaba armado en la época de la llamada “Revolución Libertadora”.

También me contó que una vez vio un fantasma, pero que la aparición lo ignoró, y siguió caminado sin dirigirle ni una mirada. Escuché además que con un grupo de amigotes cagaron en la puerta de un rancho en el que había un baile al que no los habían invitado, y que todos los paisanos se encacaron los pies al zapatear.

Esas cosas me las dijo alguna vez, no hay forma de que yo las haya inventado. Estoy segura, aunque muchos no me crean o digan que estoy confundida. Y mientras pienso en todo eso, me olvido -por un momento- de lo mucho que me enerva el repiqueteo sobre la mesa y de lo extraño que me parece que los demás amen a sus abuelos.

lunes, 22 de julio de 2013

Cinco opciones prácticas para pasar el invierno

¿Harto de congelarse las manos hasta el borde de la gangrena? ¿Quiere ir al teatro pero esa insoportable tos perruna lo hace protagonista de un bochornoso espectáculo? ¿Cansado de quemar todos sus jeans por exceso de culi-estufa? ¡Pare de sufrir! Doxificadora le ofrece un abanico de soluciones para combatir las bajas temperaturas. ¡Elija la suya, o váyase a cagar!


1. Gane la lotería y múdese al Caribe.
Pros: Playas paradisíacas, calor todo el año, lomos bronceados, y gente negra.
Contras: Alto riesgo de no ganar la lotería y que sus expectativas queden completamente destrozadas. Puede morir congelado al quedarse inmóvil frente a la vidriera de la tómbola. Asimismo, gente negra.


2. Hiberne.
Pros: Largas horas de sueño, temperaturas agradables, no tendrá que preocuparse por problemas cotidianos.
Contras: Posibilidad de perder el trabajo por ausentismo, morir de inanición y que su cadáver sea empomado por el oso grizzly con el que comparte la caverna.


3. Consiga trabajo en una panadería.
Pros: Ambiente laboral calefaccionado por hornos industriales, constante aroma a confituras y pan, desayuno gratis.
Contras: Ambiente laboral calefaccionado por hornos industriales durante el verano, constante olor a confituras que puede asquearlo y tres meses de desayunos a base de harina pueden volverlo un obeso mórbido. Riesgo de falta de obra social y, por ende, muerte.


4. Pida a su abuelita que le teja un enterito.
Pros: Estará abrigado. Su abuelita se pondrá feliz de que usted le solicite una de sus confecciones.
Contras: Riesgo de parecer un teletubbie. Altas posibilidades de ser víctima de bullying. Muerte.


5. Muera.
Pros: No pasará frío nunca más en este mundo enfermo y triste.
Contras: Gusanos. Putrefacción. Muerte.



lunes, 27 de mayo de 2013

Grasada

No me canso de reiterar que este blog es autorreferencial; por ende, este post también orbitará en torno a mi, cuan asteroide alrededor de un hermoso, complejo, exótico y sexy planeta.


Esta noche, os invito a explorar otra de mis facetas: mi aguda capacidad para determinar qué es “lo grasa”. Esta palabrita tan corta y resbalosa sirve para definir ciertas actitudes que hacen que una persona sea grasa o, al menos, tenga lapsus de grasitud.

Pero, ¿de qué hablamos cuando llamamos grasa a una persona o a ciertos comportamientos de una persona? La verdad, es un término cuyos límites están en constante corrimiento. Y es difícil de definir globalmente. Por eso, prefiero enumerar una serie de atributos, comportamientos e inclinaciones que hacen que una persona pueda ser catalogada como grasa, en especial, si repite estos ítems con frecuencia o en forma permanente.

Antes de comenzar con mi listado, debo aclarar que existen algunas tendencias ya difundidas y que delinean a groso modo lo que es un grasa; a saber, escuchar Arjona, hablar a los gritos, usar la camisa desprendida hasta el pecho, poner calcomanías “familia feliz” al auto.

Estos puntos, si bien son muy acertados, también son muy generales.  Así que aquí pasaremos a un análisis más minucioso, con detalles a veces imperceptibles, que determinan que a una persona le chorree o no el chicharrón.


1. Usar el colero flojo y a la altura de la nuca (este factor se acentúa si se trata de una mujer).
2. Decorar las tortas con maní picado y cerezas de gelatina (es peor si son cerezas verdes).
3. Tunear el automóvil (doblemente grasa si se le adosan luces de neón  las llantas)
4. Usar musculosa (esto sólo es aplicable para hombres, excepto que se encuentren en el gimnasio)
5. Usar  zapatillas deportivas con jean.
6. Usar zapatos de vestir con pantalón de buzo.
7. Decorar un espacio con flores artificiales (se acentúa si se trata de flores de goma eva)
8. Tomarse una fotografía y agregarle el nombre con cualquier programa de edición (es peor si se trata de Paint)
9. Beber Frizzé.
10. Contar chistes de suegras.
11. Usar remeras con inscripciones que contengan chistes de suegras.
12. Referirse a su pareja como “mi señora”.
13. Describirse a uno mismo como “trankilo”, “dulce”,  y/o “chico común”
14. Sacarse fotos montando una motocicleta (y usarla de perfil en Facebook).
15. Decorar el living con merchandising futbolístico.
16. Consumir salchichón primavera o fiambrín.
17. Escribir duplicando las vocales que componen el nombre o apodo. Ejemplo “Guiilleermoo”, “Tuurriitaa”.
18. Insultar a una persona llamándola “gorda/o petera/o”.
19. Usar ropa de nylon.
20. Tatuase  una letra china.

jueves, 7 de marzo de 2013

Doxificadora se dirige a las masas (y no de las finas)

Sí, ya sé que ustedes estaban esperando con ansias la segunda parte de Doxificadora’s Friky Hippie Show. Bueno se van a tener que aguantar, porque hoy me quiero referir a algo que pasó en estos días.

Se fue Chávez, el dictador. Como buena cristiana, no me voy a alegrar por la muerte de una persona. Peeeeero… espero que esta sea una oportunidad para que Venezuela pueda volver al sendero del bien, occidental, lejos del comunismo, y más cerca de los EE.UU., que sólo se preocupa por el bienestar del pueblo venezolano.

¿Dónde quedaron esos hermosos eventos para elegir a Miss Venezuela, que casi siempre terminaba convirtiéndose en Miss Universo? ¿Dónde quedaron las memorables telenovelas que proyectaban el Ser Venezolano al resto del mundo? Bajo la bosta chavista, ahí quedaron. Tapadas por estiércol bolivariano, como la pobre Catherine Fulop, que tuvo que huir de esa dictadura que le censuraba hasta los pezones.

En vez de eso, ¿qué hay ahora? Se los voy a decir (no es que yo haya ido, pero me lo contó Jorge Lanata, que se cortaría una de sus manboobs antes de faltar a la verdad): trotskistas. Gente que no tiene ni para comer, pero anda hablando de expropiar fábricas y cerrar medios independientes. Masas coptadas por los rojos, que salen a prepotear, empujar,  y tirar pedos a quienes no piensan como ellos.

Pero, volvamos al Cono Sur. ¿A qué republiqueta les recuerda el panorama arriba descripto? BINGO. A Argenzuela. Acá, los pobres –hablemos con propiedad, los cabezas- están siendo engañados por los montoneros que ostentan el poder.

¿Cómo los engañan? Alentándolos a consumir cosas que no son de primera necesidad. Todos sabemos que el primer derecho del pobre es el derecho al guiso. Pero no, ellos compran celulares, motos, computadoras. Van a la peluquería, llevan a sus hijos a McDonalds. Y por supuesto, chupan. Y a todos esos vicios se los pagamos nosotros, la clase media, Juan Pueblo.

Lo bello, el ocio, la educación, el esparcimiento, todas cosas innecesarias para las clases populares.  Pero ellos ahora quieren igualarse, porque claro, ahora TODO ES PARA TODOS (y todas).

Deberíamos seguir más el ejemplo de países que saben atender las necesidades de la pobreza. Como la India que, con gente de gran corazón como lo era la Madre Teresa de Calcuta, mata dos pájaros de un tiro: da un plato de guiso a los negritos con los mocos colgando, y salva su alma.

Porque por algo existen los pobres: para que los pecadores seamos piadosos, y nos vayamos al cielo. 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Doxificadora’s Friky Hippie Show


La noche de viernes estaba fresca e invitaba –como es costumbre- a quedarme en casa, disfrutando de una deliciosa lata de atún en aceite, frente a la tibia compañía de Anabela Ascar por Crónica TV.

Sin embargo, mi instinto por buscar la verdad –que no es otra cosa que la realidad- me quitó de un tirón las pantuflas y el jogging estirado, para llevarme a una aventura psicoretrohippiefalopera. Please, be welcome to Doxificadora’s Friky Hippie Show.

------

[Haceme el favor e imagínate la voz de Morgan Freeman leyendo los créditos]

Starring… Doxificadora
Co Starring… The rest of the world
Screenplay… God
Directed by… Flor Kirchner
Produced by… Amelia Bence

------

Una fuente de confianza me había advertido acerca del descontrol y salvajismo imperantes en un lugar inhóspito, aunque ubicado muy cerca de esta urbe prolija, avanzada, y organizada que es Paranó. Descontrol que se produce una vez al mes, cuando la luna llena alumbra y hace picar los traseros llenos de parásitos de esos seres felices conocidos como hippies.

A las 23, me encontré en plaza Saenz Peña con mis dos guías, quienes disfrutaban de un porro tamaño familiar sentadas bajo un árbol abonado por heces de borrachos. Ambas me arrastrarían hasta el puerto de la ciudad de Paranó en un remís de dudosa procedencia. Durante el camino, la más excéntrica de las dos comenzó a aullar canciones de Liliana Felipe, amenazando con  que “no alcanzaría toda la leña del mundo para incinerar su histeria, porque era lo máximo”, o algo así. 

Pero ese pequeño y patético preludio no pudo prepararme para lo que vendría...



TO BE CONTINUED. 

lunes, 22 de octubre de 2012

Surreal

Llegué tarde al trabajo, y mi jefe me dijo que me vaya: “Gurisa, apercibimiento. Cómo me hacés esto, justo hoy que aumentaron el precio”. ¿El precio de qué? No sé. Lo que sí sabía era que no había sido buena idea ir al laburo doce horas tarde, descalza, en corpiño y con un tocado de frutas tropicales en descomposición. De regreso a casa, cuando faltaba una cuadra para llegar, apareció una vieja muy alta en una bicicleta antigua. Me obstaculizó el paso y sacó un cofrecito. Yo estaba muerta del cagazo, temblaba como una hoja y las bananas podridas se caían de mi cabeza. La mujer –que ahora era joven- abrió la cajita y me mostró un pollito bebé muerto. “¡Tenés que comer algo!”, jadeaba, y me acercaba el cadáver a la cara. Empecé a gritar, pero la voz me salía bajita y ronca. El cielo se ponía cada vez más oscuro –olvidé mencionar que estaba nublado-, se aproximaba un huracán. Salí corriendo, pero la tipa ni se esforzó en perseguirme. En la calle no había nadie, tampoco los que minutos antes me esquivaban con la mirada para no ver un bizarro remedo de Carmen Miranda. Subí a un colectivo que justo pasaba por allí; estaba lleno de personas conocidas cuyos rostros no me eran para nada familiares. Eso me perturbó, pero no tanto como la anónima y lasciva tocada de culo que alguien me propinó, aprovechando que el bondi estaba rebosante de gente. Bajé del vehículo en marcha, en una avenida sin veredas y flanqueada por murallas altísimas cubiertas de enredaderas. Caminando contra uno de los paredones, llegué a una casa. Estaba llena de almas en pena. Entré igual. Una puerta se azotó y me quedé dura de terror. Intenté escapar por una ventana alta –aunque a ambos lados había puertas abiertas-, y cuando conseguí trepar, alguien (o algo) jaló mis pies, pero finalmente me dejó ir. Salí a un patio antiguo, con galerías, tres puertas, y chivatos de ramas largas. En lugar de correr, abracé fuerte el tronco de un árbol y me largué a llorar amargamente. No de miedo, sino porque extrañaba a mi tías abuelas. Al final, salí de la casa: estaba en calle La Paz al 600. Era un atardecer de verano como los de mi infancia, el cielo estaba dorado, y había olor a tierra mojada. Me encontré a mi profesor de piano, que me cubrió la espalda con una campera. Y me acompañó. Creo que a casa.


PD: Estuve leyendo mis textos anteriores y pude comprobar que últimamente no estoy escribiendo bien. Lo adjudico a que estoy haciendo las paces conmigo, mi entorno y el mundo en general.  Ya no me enojo tanto. Un poco es resignación, y un mucho es que estoy canalizando mis fuerzas hacia otras personas (que no sean mis otras YO).  Pero también temo estar dejando que mi creatividad se escurra.  Porque hacer algo bien cuesta pasión, esfuerzo, hacer carne el camino. Por eso en muchos ámbitos me va mejor. Y así, pasé de escribir aceptable, a hacer catarsis y luego a escribir “cacarsis”, si se me permite esta expresión de mierda recién inventada… creo que me voy a tomar un break para reinventar este blog. O hacer otro.

martes, 9 de octubre de 2012

Mix de C


Contrafestejo
Hace un par de días fuimos con una amiga al Contrafestejo del 12 de Octubre, que cada año se realiza en un callejoncito de esta esquizofrénica ciudad en la que vivo. Y me encontré con todo lo que había previsto: exceso de pantalones amplios a rayas, hippies caretas que documentaban cada detalle con sus Iphones, algún dejo de olor a chivo sobrevolando la concurrencia, amigos y conocidos, cerveza a raudales, tambores copados, pañuelos y aros exagerados adornando las cabezas del 70% de las mujeres, niños que necesitaban un cambio de pañal, otros que necesitaban un cambio de actitud, rubios platinados con el mode “pachamama originaria” on. Y, como no podía ser de otra forma, mucha diversión.

Cat
Empezar a vivir sola con una gata bebé me hizo reflexionar y descubrir muchas cosas en estos últimos días: mi ropa negra va al muere y no voy a tener nada negro que ponerme para hacerle el luto; comencé a limpiar rincones de la casa que nunca antes había tenido en cuenta; el alimento les deja muy mal aliento; desde que la traje -hace cinco días- utilicé el sonido “sh” y la letra “i” más que nunca; reduje mi vida social y empecé a comportarme como madre; hablo más (pero con ella); descuidé mi aspecto hasta el punto de olvidar desinfectarme los rasguños y mordeduras que tengo en manos y piernas; me pongo pelotuda (por ejemplo, al tratar de convencerla que vea conmigo Los Aristogatos en la compu), miro tres veces antes de dar un paso. Y, sin embargo, soy feliz.

Crisis
Dicen que la crisis es oportunidad. Por lo visto, a lo largo de mi vida tuve muchísimas oportunidades y aproveché muy pocas. Ahora tengo una oportuncrisis muy pequeña: me siento artísticamente estancada. Tengo que darle una vuelta de rosca a mi creatividad y a mi expresión. Ya conseguí un nuevo piano y aparecieron dos grupos de personas que quieren juntarse a cantar. ¿Será que por fin voy a tener la rock band que soñaba de pendeja? Ya veremos...

C is for cereal