miércoles, 13 de febrero de 2013

Doxificadora’s Friky Hippie Show


La noche de viernes estaba fresca e invitaba –como es costumbre- a quedarme en casa, disfrutando de una deliciosa lata de atún en aceite, frente a la tibia compañía de Anabela Ascar por Crónica TV.

Sin embargo, mi instinto por buscar la verdad –que no es otra cosa que la realidad- me quitó de un tirón las pantuflas y el jogging estirado, para llevarme a una aventura psicoretrohippiefalopera. Please, be welcome to Doxificadora’s Friky Hippie Show.

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[Haceme el favor e imagínate la voz de Morgan Freeman leyendo los créditos]

Starring… Doxificadora
Co Starring… The rest of the world
Screenplay… God
Directed by… Flor Kirchner
Produced by… Amelia Bence

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Una fuente de confianza me había advertido acerca del descontrol y salvajismo imperantes en un lugar inhóspito, aunque ubicado muy cerca de esta urbe prolija, avanzada, y organizada que es Paranó. Descontrol que se produce una vez al mes, cuando la luna llena alumbra y hace picar los traseros llenos de parásitos de esos seres felices conocidos como hippies.

A las 23, me encontré en plaza Saenz Peña con mis dos guías, quienes disfrutaban de un porro tamaño familiar sentadas bajo un árbol abonado por heces de borrachos. Ambas me arrastrarían hasta el puerto de la ciudad de Paranó en un remís de dudosa procedencia. Durante el camino, la más excéntrica de las dos comenzó a aullar canciones de Liliana Felipe, amenazando con  que “no alcanzaría toda la leña del mundo para incinerar su histeria, porque era lo máximo”, o algo así. 

Pero ese pequeño y patético preludio no pudo prepararme para lo que vendría...



TO BE CONTINUED. 

lunes, 22 de octubre de 2012

Surreal

Llegué tarde al trabajo, y mi jefe me dijo que me vaya: “Gurisa, apercibimiento. Cómo me hacés esto, justo hoy que aumentaron el precio”. ¿El precio de qué? No sé. Lo que sí sabía era que no había sido buena idea ir al laburo doce horas tarde, descalza, en corpiño y con un tocado de frutas tropicales en descomposición. De regreso a casa, cuando faltaba una cuadra para llegar, apareció una vieja muy alta en una bicicleta antigua. Me obstaculizó el paso y sacó un cofrecito. Yo estaba muerta del cagazo, temblaba como una hoja y las bananas podridas se caían de mi cabeza. La mujer –que ahora era joven- abrió la cajita y me mostró un pollito bebé muerto. “¡Tenés que comer algo!”, jadeaba, y me acercaba el cadáver a la cara. Empecé a gritar, pero la voz me salía bajita y ronca. El cielo se ponía cada vez más oscuro –olvidé mencionar que estaba nublado-, se aproximaba un huracán. Salí corriendo, pero la tipa ni se esforzó en perseguirme. En la calle no había nadie, tampoco los que minutos antes me esquivaban con la mirada para no ver un bizarro remedo de Carmen Miranda. Subí a un colectivo que justo pasaba por allí; estaba lleno de personas conocidas cuyos rostros no me eran para nada familiares. Eso me perturbó, pero no tanto como la anónima y lasciva tocada de culo que alguien me propinó, aprovechando que el bondi estaba rebosante de gente. Bajé del vehículo en marcha, en una avenida sin veredas y flanqueada por murallas altísimas cubiertas de enredaderas. Caminando contra uno de los paredones, llegué a una casa. Estaba llena de almas en pena. Entré igual. Una puerta se azotó y me quedé dura de terror. Intenté escapar por una ventana alta –aunque a ambos lados había puertas abiertas-, y cuando conseguí trepar, alguien (o algo) jaló mis pies, pero finalmente me dejó ir. Salí a un patio antiguo, con galerías, tres puertas, y chivatos de ramas largas. En lugar de correr, abracé fuerte el tronco de un árbol y me largué a llorar amargamente. No de miedo, sino porque extrañaba a mi tías abuelas. Al final, salí de la casa: estaba en calle La Paz al 600. Era un atardecer de verano como los de mi infancia, el cielo estaba dorado, y había olor a tierra mojada. Me encontré a mi profesor de piano, que me cubrió la espalda con una campera. Y me acompañó. Creo que a casa.


PD: Estuve leyendo mis textos anteriores y pude comprobar que últimamente no estoy escribiendo bien. Lo adjudico a que estoy haciendo las paces conmigo, mi entorno y el mundo en general.  Ya no me enojo tanto. Un poco es resignación, y un mucho es que estoy canalizando mis fuerzas hacia otras personas (que no sean mis otras YO).  Pero también temo estar dejando que mi creatividad se escurra.  Porque hacer algo bien cuesta pasión, esfuerzo, hacer carne el camino. Por eso en muchos ámbitos me va mejor. Y así, pasé de escribir aceptable, a hacer catarsis y luego a escribir “cacarsis”, si se me permite esta expresión de mierda recién inventada… creo que me voy a tomar un break para reinventar este blog. O hacer otro.

martes, 9 de octubre de 2012

Mix de C


Contrafestejo
Hace un par de días fuimos con una amiga al Contrafestejo del 12 de Octubre, que cada año se realiza en un callejoncito de esta esquizofrénica ciudad en la que vivo. Y me encontré con todo lo que había previsto: exceso de pantalones amplios a rayas, hippies caretas que documentaban cada detalle con sus Iphones, algún dejo de olor a chivo sobrevolando la concurrencia, amigos y conocidos, cerveza a raudales, tambores copados, pañuelos y aros exagerados adornando las cabezas del 70% de las mujeres, niños que necesitaban un cambio de pañal, otros que necesitaban un cambio de actitud, rubios platinados con el mode “pachamama originaria” on. Y, como no podía ser de otra forma, mucha diversión.

Cat
Empezar a vivir sola con una gata bebé me hizo reflexionar y descubrir muchas cosas en estos últimos días: mi ropa negra va al muere y no voy a tener nada negro que ponerme para hacerle el luto; comencé a limpiar rincones de la casa que nunca antes había tenido en cuenta; el alimento les deja muy mal aliento; desde que la traje -hace cinco días- utilicé el sonido “sh” y la letra “i” más que nunca; reduje mi vida social y empecé a comportarme como madre; hablo más (pero con ella); descuidé mi aspecto hasta el punto de olvidar desinfectarme los rasguños y mordeduras que tengo en manos y piernas; me pongo pelotuda (por ejemplo, al tratar de convencerla que vea conmigo Los Aristogatos en la compu), miro tres veces antes de dar un paso. Y, sin embargo, soy feliz.

Crisis
Dicen que la crisis es oportunidad. Por lo visto, a lo largo de mi vida tuve muchísimas oportunidades y aproveché muy pocas. Ahora tengo una oportuncrisis muy pequeña: me siento artísticamente estancada. Tengo que darle una vuelta de rosca a mi creatividad y a mi expresión. Ya conseguí un nuevo piano y aparecieron dos grupos de personas que quieren juntarse a cantar. ¿Será que por fin voy a tener la rock band que soñaba de pendeja? Ya veremos...

C is for cereal

jueves, 23 de agosto de 2012

Re-flecciones




-“La naturaleza es sabia”. Te miro, y pienso… “nah”.

-Vos te comiste el personaje, pero a la que le dan náuseas es a mí.

-Tuve un día horrible, pero cuando te vi atravesar esa puerta, supe que también llueve sobre meado.

-Tú me quieres blanca, tu me quieres pura. Enterate: no soy merca.

-El que se quema con leche, ve a John Holmes y llora.

-Al que madruga, le toca hacer el desayuno.

martes, 31 de julio de 2012

Resurrexit

Me levanté de la siesta extrañando a alguien que nunca existió. Y con mucha bronca; contra esta vida, porque existe otra en la que no vivo. No puedo ser todos, ni todo.


Es un malestar que se me va a pasar mañana, pero a medias: vi “eso otro” que no se cómo se llama, y eso me vio, y se absorvió horas -no sé cómo se mide- de mi pulsión de vida. Cómo aferrarme a esa sensación que me invadió y ahora me abandona de a poco. Sólo me queda asir la taza de té que acabo de tomar y que todavía está tibia aunque, irremediablemente, se enfriará.


Y siento que no hice nada, desperdicié una valiosa tarde de martes en dormir y conocer vidas inexistentes, cuando acá hay todo un mundo al que le debo algo. Desde plata hasta visitas, desde trámites hasta dedicación personal.


Me debo cosas a mí, metas que me propuse y aún no me arrimo a la largada. Pero no voy a llorar, el tiempo no escucha lamentaciones, se mueve, sigue, y no le importa pasar a mil por encima mío cuando me echo una siesta suicida en sus vías.


Quizás sea eso. Esta tarde me mató el tiempo, y ando mal resucitada. Todavía faltan tres días.


lunes, 23 de julio de 2012

No sobran motivos, pero...


¿Será que el mundo se va a revelar ante mi como algo totalmente distinto o la cotidianeidad se cotidianizará aún más y mejor? ¿Qué pasará cuando llegue ese día?

Honestamente, dudo que un hito de cabotaje, común y silvestre sea la llave que abra las puertas de entrada a la vida, como si no estuviésemos ya atrapados en ella, o -si suena muy pesimista- librados a sus vitales antojos.

Así que me inclino por lo segundo, por las cosas de todos los días. Quizás, los mates lavados que desayuno en el trabajo tendrán mejor cuerpo. O mi perra finalmente se digne a darme la patita. A lo mejor los huevos fritos no se me desarmen en la sartén, y mi vecino deje de joder a la madrugada. Mmm... dudo.

La única alternativa a la cotidianeidad sería un yunque reventando mi cabeza cuando esté yendo a buscar el título. Seguro todos señalarán mis sesos con el índice y se lamentarán “qué ironía; justo que empezaba a vivir...”.

En fin, licenciada. Lic. Un antes y un después del título, señoras, señores, y hermafroditas. Antes, nada. Después, mi nombre.

Pero, licencia para qué. ¿Para matar? ¿Para conducir? No, para “comunicar”. Por favor, todo el mundo tiene licencia para y derecho a hacerlo. Es más, ya lo estoy haciendo y hasta me pagan por ello.

Así que, ¿por qué? ¿Para qué recibirme? He aquí un listado breve, que preparé para incentivarme.


-Por el honor (a ver si consigo un poco de eso de una buena vez).

-Para que me tiren un mango más en el laburo (el dinero no es todo, pero...)

-Para que madre pueda hacer alarde de mi (no soy linda, no estoy casada y no le di nietos)

-Para hacerme la ofuscada cuando alardee pero, en el fondo, inflarme como heces en kerosene.

-Para cerrar un círculo que abrí en 2003, y que se está convirtiendo en agujero negro.

-Para colgar el cuadrito, y decir “lo hice, oh fuck my ass, I did it!”.

lunes, 4 de junio de 2012

Charla Brown


Esa noche, mientras luchaba contra el sueño -que, por cierto, me estaba abatiendo-, tuve una epifanía: las conversaciones con cada persona pueden tener su correlato en objetos. Recordé una charla que había tenido en el día, y pensé “era un tronco”. Sí, las palabras de esa persona me avasallaban como un rollo de madera, aplastando los palitos -o acotaciones- que yo interponía a su paso. No escuchaba; monologaba.

Con otras personas, las conversaciones han sido videojuego. Interactuábamos, sí, pero con un grupito de reglas muy limitantes y convencionales. Ella sabía lo que yo diría, y yo sabía lo que ella iba a contestar. Los movimientos estaban prefijados, y siempre lo estarán. Pim, pam, pum. Arriba, abajo, abajo, abajo, adelante, adelante + GB. Fatality!

También está esa gente con las que sólo mantenemos charlas cajitas de fósforo: se consumen rápido, en cuestión de segundos. Ambos nos damos cuenta y nos ponemos incómodos. Abrimos la cajita, damos otro chispazo, se apaga enseguida. Silencio incómodo. Raspada. Fueguito. Palito quemado. Silencio.

Y las que más me gustan son las charlas jazz. Sabemos por donde viene la cosa, pero no cómo va a terminar. Cada cual agrega notas, nos vamos por las ramas, nos seguimos mutuamente, pero siempre manteniendo la armonía. Como un piano y un clarinete que juegan, y crean una obra de arte.