lunes, 4 de junio de 2012

Charla Brown


Esa noche, mientras luchaba contra el sueño -que, por cierto, me estaba abatiendo-, tuve una epifanía: las conversaciones con cada persona pueden tener su correlato en objetos. Recordé una charla que había tenido en el día, y pensé “era un tronco”. Sí, las palabras de esa persona me avasallaban como un rollo de madera, aplastando los palitos -o acotaciones- que yo interponía a su paso. No escuchaba; monologaba.

Con otras personas, las conversaciones han sido videojuego. Interactuábamos, sí, pero con un grupito de reglas muy limitantes y convencionales. Ella sabía lo que yo diría, y yo sabía lo que ella iba a contestar. Los movimientos estaban prefijados, y siempre lo estarán. Pim, pam, pum. Arriba, abajo, abajo, abajo, adelante, adelante + GB. Fatality!

También está esa gente con las que sólo mantenemos charlas cajitas de fósforo: se consumen rápido, en cuestión de segundos. Ambos nos damos cuenta y nos ponemos incómodos. Abrimos la cajita, damos otro chispazo, se apaga enseguida. Silencio incómodo. Raspada. Fueguito. Palito quemado. Silencio.

Y las que más me gustan son las charlas jazz. Sabemos por donde viene la cosa, pero no cómo va a terminar. Cada cual agrega notas, nos vamos por las ramas, nos seguimos mutuamente, pero siempre manteniendo la armonía. Como un piano y un clarinete que juegan, y crean una obra de arte.







sábado, 26 de mayo de 2012

Mirá vos, che…


Perdí la diplomacia. Bueno, no con todos, con ciertas personas. No es que ande por la calle puteando a la gente, ni  señalándome las partes y haciendo gestos obscenos. Pero ya no me interesa decir o dar a entender que no soporto a alguien. Sencillamente, no disimulo que me importa más saber cuánto cuesta el kilo de rábano en Singapur que enterarme de lo que opinan algunos/as.

Antes, esa cualidad de mi personalidad me preocupaba. Pero ahora aprendí a manejarla, y a usarla cuando es necesario.  Y, ojo, no se trata de justificar comportamientos inmaduros, de camarilla berreta, ni darle vuelta la cara a alguien sólo porque no me gusta su ídem. A esa etapa pendejil la superé hace… unos 6 meses.

El asunto es que ya no puedo sobrellevar con una sonrisa que alguien me censure con apreciaciones morales, sobre todo, si se tragó el personaje de Kant. You “kan’t” tell me what to do, how to feel, or think. NO, YOU KANT. Tampoco voy a aceptar vincularme con gente declaradamente chota y jodida, en especial, si esa chotez/jodidez va dirigida hacia mi persona.

Es por eso que la limpieza del caralibro arrasó con unos cuantos. Y también, es por eso que mi cara es transparente –metafóricamente hablando por supuesto-: si algo no me gusta, no necesitarán preguntar demasiado.

Y, de vez en cuando, está bueno decir no, no me gusta, no quiero, no tengo ganas, o go fuck yourself with a cactus. Es más, si alguien piensa que sería apropiado dispensarme alguno de estos enunciados, siéntase libre de hacerlo. Al fin y al cabo, es inútil sostener caretas (salvo que estemos en Venecia, pero no, estamos a unos cuantos metros sobre el nivel del mar. Y no es carnaval).

Aclaro, están en todo su derecho de tener valoraciones negativas sobre mi persona, o sobre lo que escribo. Pero, recuerden también, que están en todo su derecho de alejarse de mi blog, de mi facebook, y de mi vista.

Viva la patria.

lunes, 30 de abril de 2012

Doxificadora paralela


[Transcripción de una grabación encontrada en un baúl de la doxoadicta L]



"Shh. Silencio, no se muevan. Tengo mucho miedo. No se que es lo que pasa. Algo salió mal. Son las 4 a.m. Realizo uno de mi viajes en LSD de rutina, pero esta vez tengo que reportar algo muy extraño. No hay gente de color flúo, ni vistas de caleidoscopios, ni mariposas brillantes, ni excrementos con sabor a mousse. No, nada de eso. Shh. Shhhh, les dije. Estoy viendo un mundo como el que conozco, pero no puede ser mi mundo. Estoy en un lugar que se parece a mi habitación. Veo a un tipo que me mira fijmente, con cara de pocos amigos (…) Intentaré tocarlo... pero me estira su mano. ¡No, quiere darme un zarpazo! ¡Ahhh, mamá! ¡Maamiiiii! (...) Estoy asustada. Tengo miedito, mucho miedito. Pareciera que él se asusta también. Retrocede. (…) Ahora me imita, hace todo lo que yo hago. Basta. ¡Basta, he dicho, hombre horrible! (...) No se le alcanza a ver muy bien el rostro, tiene puesto un buzo canguro, con la capucha en la cabeza (...) Ahora se quedó quieto. Debe estar tramando algo, pero no me animo a moverme. Respiro muy agitada, estoy temblando. Él también. ¡Oh, mai gosh! Se le cayó la capucha y... ¿es una mujer? ¡Un momento! Es como una versión desmejorada de mí misma, está desgreñada, ojerosa, gorda, chacuaja... ¡Claro! ¡¿Cómo no me di cuenta antes?! Sólo puede ser... ¡mi yo paralela! (…) De alguna manera, mis constantes viajes en ácido abrieron una suerte de ventana al otro universo. Es una cuestión científica, física cuántica, eso es (…) Qué feo corte tiene la gordi (...) Creo que debería recomendarle a mi peluquero, porque en el universo paralelo tiene que existir otra versión de Claudio Fabián. Capáz que el del otro lado ya cumplió su sueño de hacerse las tetas (…) Uf, esta chica es un poco inerte. Movete, movete, gordita movete (…) Me abuuuurrooooo (…) ¡Golpean la puerta! Voy a abrir, pero sin darle la espalda. ¿Eh? ¿Ella también se para a abrir su puert...¡Hola, má! ¿Qué hacés acá? ¡Pero qué bueno que viniste, porque estoy preocupada! No, te juro que esta vez es en serio. Sí, mirá la tipa que está all¡ahora llegó otra! ¡Y es re-parecida a vos! Pe-pero tiene el culo más ancho. Mirá, tiene cara de enojada. Y súper arrugada. ¡Ay, no! ¡Le pegó un cachetazo, pero me dolió a mi! Maaaamiiii. Volvéeee... buaaaa..."

miércoles, 18 de abril de 2012

Full metal blog


No tengo muchas cosas, pero estoy contenta de tener un blog. Porque acá puedo decir lo que me plazca, como me plazca, cuando me plazca. Let's focus on me, because this is my blog. Yes! Este es mi blog, hay muchos otros, pero éste es el mío. Mi blog es mi mejor amigo [cuando me siento forever alone] y es parte de mi vida, intento dominarlo, pero ni siquiera me domino a mí misma. Sin mí, mi blog no sirve; sin mi blog, sobreviviría [y el mundo sería un lugar mejor]. Con mi blog, tengo que atinarle un poquito de mierda al elefante que cada dos por tres me caga desde arriba de un pino. Intentaré darle antes que me de a mí, lo haré. Esto que digo, lo juro ante Dior.



[Esto es lo que pasa cuando quiero escribir y no se me cae una idea...]



[Jódanse por pasar]

martes, 10 de abril de 2012

Bagres en la red

“Soy dulce y sentimental”, escribe un bolontoño en su perfil de una conocida red social. Honestamente, eso me suena a golpeador de mujeres que después llena de pétalos de rosa la cama para tapar las manchas de sangre de sus víctimas anteriores.

Otro se describe como “un chico común y tranquilo”, lo cual no dista de jactarse de ser un mediocre aburrido.

No dejemos afuera a las chicas: una dice ser “re loka ii fiiesteeraaaa”, mancillando las reivindicaciones de más de un siglo de movimientos feministas. 

Esto evidencia que hay gente que se toma muy en serio lo del marketing personal. Lástima que su noción de mercadeo está al mismo nivel que la de la pescadería “El moncholo sexy”. Suena horrible, pero saquémonos las caretas: las redes sociales fueron diseñadas como vidrieras en la cual exponer el pescado, antes de que se pudra.

Y no es que quiera hacer una apología de la mercantilización de los seres humanos. Lo malo es que a la mayor parte de la gente no se le ocurre darles un uso alternativo. Es más probable que mi abuela haga la vertical en el inodoro antes que encontrar a 5 personas interesantes en esos espacios virtuales.

Bueno, era una queja que me venía aquejando desde hace unas cuantas quejas atrás. Breve y concisa.


O revuá, zoquetes!

martes, 27 de marzo de 2012

El mambo de las princesas


¿Quién les pagó las sesiones de terapia a Rapunzel, Blancanieves, y la Bella Durmiente? ¿Cómo es posible que con un beso del Príncipe Azul -que por lo visto era bastante gato, porque aparece en la mayoría de las historias- vivan felices para siempre, después de las situaciones traumáticas por las que tuvieron que atravesar?
Si mi padre no me da bola, mi madrastra me trata como a una sirvienta e intenta asesinarme, una bruja me encierra en una torre en el medio de la nada, o me pierdo varios años de mi vida vegetando en el bosque y rodeada de enanos lascivos que no se bañan... medio que el besito de un tipo al que ni conozco no alcanzaría para ponerme up sin dejar secuelas.
Por mucho menos, Lady Di era depresiva; y Letizia, la princesa de Asturias, es anoréxica. Un final más realista, las describiría viejas y llenas de joyas, empinando el codo en la taberna del pueblo, y maldiciendo a Merlín, Cachavacha y la puta que los parió.
O esas tipas no tenían alma, o Andersen y los Grimm eran unos cuenteros.

martes, 13 de marzo de 2012

Vértigo en la gola


Empecé por el título, como hacía Saramago. Me gustó la ocurrencia, pero no se me ocurre cómo continuarla. Sólo podría agregar que Sara debería ser maga. Sino llamarse Saro, o Sar. Pero parecería una palabra mal escrita, como rei o emperatrís. Quedaría deforme, un vocablo Quasimodo, haciendo sonar las campanillas en gargantas ojivales, saltando de boca en boca, sin temor, sin miedo, sin vértigo. Con el único deseo de salir y ser escuchado. Pero con miedo a ser malinterpretado. Salvo en España, donde la z se hace valer, joder. ¡Viva esa diferencia! ¡Viva la diferencia! ¡Viva España! ¡Muera el Rei! ¡Viva el Sar! El Sar que es mago. Que hace hechizos, dice las palabras mágicas, arma las frases como le plazca. Y, si quiere, les da sentido, que es lo de menos. Él juega, hilvana y la descose. Es como Messi, o como el Diez; no como O Rei, que es sensato y pausado. No. El mago cose y descose, la plasticola no le sirve. La disuelve el agua. A las palabras se las lleva el viento. Mejor perderse que quedarse. Mejor irse por las ramas. Y no volver.