domingo, 25 de julio de 2010

Elige tu propia aventura (hacé algo, por tu bien)

A continuación, los Enfermeros del Centro de Rehabilitación de Ciudad de Halle, les ofrecemos la desgrabación en crudo de una cruda lectura en voz alta que la Srta. L. A. -más conocida como la Boluda- realizó la semana pasada, tras utilizar -por primera vez en 5 años-nuestra vasta biblioteca. De las más de 450 obras de la literatura universal, la Boluda eligió un playo best seller para teens. Bueno, es lo que hay ¡Bon apetit!

"...¿Neco o Sebastián? Tras una larga deliberación en el recreo, te has decidido por Sebas. Pasa a la página 10 (...) Sebas es un tío muy apuesto, deportista, simpático y -sobre todo- experimentado con las chicas. No puedes dejar de verlo, te alejas del grupete de chavalas con el que pasas el rato y te vas directo a hablarle. Aquel no pierde el tiempo, y te invita a que vayas a su casa a la salida del colegio.

Por fin, suena la campana. Coges [jajajaja, usó la palabra] tu morral y te diriges a su apartamento. Sebas tiene 18 años, pero ya se ha enmancipado de sus padres; eso te asusta un poco, pero te gusta. Sientes la adrenalina de estar haciendo algo peligroso. Apenas llegas, te abre la puerta y te atina un beso que te parte la boca. Luego de unos arrumacos, te pide pasar al cuarto. Si aceptas, ve a la página 69 (...)

¡Uildón! Sacaste a relucir tu lado atrevido. Pero, en medio de los arrumacos, como por obra de los demonios, te viene a la mente la clase de Biología que tuviste esta mañana con la latosa profesora Luján: 'Recordad chavales, es fundamental usar condón para prevenir Sida, ITS, y embarazos... embarazos... barazos... azos... azos'. ¡Coño! Te arruinó el momento. Le preguntas a Sebas si tiene un capuchón, pero él te dice: 'Si es tu primera vez, no hace falta. Coños, que es como comerse un caramelo sin quitarle la envoltura, tía'. Estás en medio de un dilema. Si decid..."

¡A la bosta! Qué pedorrada, por Christian Diooorrrrr. ¡Calenturas adolescentes! Los juanetes de mi tía Mirna son más eróticos. A ver, busquemos algo de cuando es más mayorcita... capáz que se pone más interesante... a ver... acá...

"Ya has cumplido 25 años. Ni te acuerdas de ese 'pequeño' incidente con Sebas. Ahora te preocupas por tu carrera, ya estás a punto de graduarte y has conseguido un empleo. Todo parecería ir viento en popa, pero, ea pues. Que aún tienes acné, pero quieren asomarte las primeras arruguitas y todavía vives con tus padres. Eso comenza a incomodarte, porque, para empeorar las cosas, no tienes novio ni amante, ni perro que te ladre, ni pito que te chifle. Si no haces algo al respecto, tus senos comenzarán a mirar hacia abajo para ver quién aplaude, y tú te quedarás sola como un p..."

OK! Qué basura la que escribió esto. Una cadena de golpes bajos. Hubiera sacado alguno de Corín Tellado, ufa. Encima no anda internet... voy a tener que leer esta porquería nomás. GRRRR. A ver, continuemos con la tortura literaria...

"...y sólo hay dos opciones: o te quedas hasta que terminen de caerse tus carnes, o te mudas a tu propio apartamento".

Ey, eso se puede poner bueno. No está tan mal, eh... es más, si... y podría ahorrar... mjm... no es mala idea... me tengo que ir de este centro de rehabilitación de porquería... se se.... bssb bssb... y mssbs...

ACLARACIÓN DE LOS ENFERMEROS: Y así continúa una larga serie de elucubraciones ininteligibles de la Doxoadicta, que pretende armar un plan de escape. Llegado el momento, la ayudaremos para que su escape sea exitoso, puesto que nos tiene las gónadas al plato. De todas formas es irrecuperable. Es más, quizás hablemos con otros centros de rehabilitación para conseguirle un par de adictas más, para que la acompañen en esta loca aventura. Si esto sucede, las filmaremos y venderemos los derechos a la TV nacional, para hacer la secuela de "Locas de amor", pero estaría bueno que se llame "Locas de mierda".

lunes, 12 de julio de 2010

Algunos no entienden las indirectas (no soy yo, sos vos!)

Es cierto que a veces pecamos de boludas. Continuamos una relación por inercia, porque no tenemos ganas de seguir oponiendo resistencia, porque tenemos pavor a parecernos a Soraya Montenegro o la pérfida Ivonne.

En repetidas oportunidades, cuando vi que mis relaciones ya no daban para más, decidí tomar la iniciativa de ir por el corte. Pero cada vez que le iba a expresar mi decisión al susodicho, me imaginaba a mí misma vestida en un trajecito Chanel diciendo “Nunca te quise, Nanditooo” (N. de los E: al parecer, la boluda se refiere a una frase de un malévolo personaje caricaturesco sacado de un culebrón mexicano archi popular).

Y esa proyección de mí misma no me gustaba, razón por la cual terminaba tratando de edulcorar la situación con alguna frase como “necesito un tiempo” (N. de los E: recomendamos leer el blog homónimo, que aparece en la lista de Dealers y es mucho mejor que esta porquería), “en este momento necesito estar sola”, algún parafraseo de “no sos vos, soy yo”, o, como frutilla del postre, la famosa “podemos ser amigos” que me ayudaba a diluir el sentimiento de culpa, o que -al menos así lo creía- lo haría menos doloroso para él.

Pero las cosas siempre salieron como no quería, es decir, como siempre me salen. La culpa aparecía en forma de sollozos del chico (reconozco que tengo una pincelada machista: me incomoda que los hombres lloren) o el tipo en cuestión “no entendía” la indirecta: a la semana me llamaba para ver si ya había repensado “lo nuestro”, o retrucaba con un “pero si vos sos una mina increíble, puedo hacer el esfuerzo de seguir bancándote”.

En definitiva, terminaban convenciendome (¡¿convenciéndome?!) para que la cosa no se termine ahí. Y los meses que seguían eran insoportables. Día a día iba juntando bronca, cada cosa que el otro hacía me producía un calambre en el estómago, incluso el sólo hecho de oirlo respirar.

Y no se puede sostener un elefante con una cañita de pescar. Al final, un día cualquiera, la ira me brotaba por los poros. Bastaba un chistecito inadecuado, un mal olor, un partidito en la Play para que mi bronca contenida desencadenara en un Big Bang a pequeña escala.

Entonces, mi más profundo temor se hacía realidad. La voz se me ponía áspera y aparecía Soraya: “Te aborrezcooo. No quiero verte más. Te odio, chiruzo marhinaaal”. Bueno, no eran esas las palabras exactas, pero grafican la idea: yo era la mala de la novela, no era María la del barrio, ni Topazio. No, yo era la crápula desalmada, la malparida.

Por eso, he llegado a la siguiente conclusión: las cosas que ya pasaron la fecha de vencimiento, hay que tirarlas a la basura (el otro día me agarré una intoxicación con lo que -creí- era atún verde).

Ah, y la otra conclusión es: no seguir en una relación de la cual ya no se quiere ser parte. Tampoco esquivarle el bulto a Soraya, es decir, cuando sea necesario, esconder el corazón en el pancreas y gritar: no soy yo, sos vos!!!.

martes, 6 de abril de 2010

Tres impresiones (para nada impresionantes)

El delirium tremens es interminable. Parece que la Doxoadicta no puede terminar de expulsar toda la sustancia tóxica que invade su masa encefálica. Una tarde le pegó la melancolía, reacción realmente extraña en pacientes que presentan semejante cuadro de adicción. Nosotros se lo tiramos, ustedes, mastíquenlo.


*Los enfermeros del Centro de Rehabilitación


Tropinsomnio

Esa cumbia que se aleja en un anochecer de feriado… nostálgico y fastidioso a la vez, el efecto que me causa. Se funde en el eco del acordeón predecible, mientras el viento lo empuja lejos y los grillos le ponen letra de otoño.

Pero su promesa de silencio se estanca a medio camino: queda, parada en el horizonte de luces anémicas, a la espera de que se le sume el repiquetear de tamboriles rezagados. Y va dejando una estela de calma, tan sospechosamente simple, que no puedo dormir.

Box shaped heart

Aunque cien veces insistí, jamás me reveló su contenido. Pobre ilusa, yo, que conjeturaba fotos, cartas, y boletos capicúas bien almacenados, con toda la pompa y circunstancia que merecen esos tesoros invaluables.

Cuando murió, en vano busqué saciar la curiosidad en cajones, muebles y entre la estopa raída de la almohada. Se había esfumado.

Hasta que un mal día, la garganta de Kurt vomitó la revelación, la conclusión obvia que desde siempre me buscó: ese objeto era su corazón, con forma de caja.

Pathétique

Si el cielo amarillo hace un efecto inverosímil sobre los cuerpos. Si la vista es demasiado mágica para ser real. Si la parra en el patio de la casona en ruinas. Si no hay música perfecta para la ocasión. Si el retrato en sepia. Si es imposible recordar el aroma. Si el benteveo a la tardecita. Si la muñequita en el ataúd. Si el papel amarillento. Si las manos heladas. Si el tiempo lineal. Si (sólo) intuyo que viví.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Porque me gusta (¿Por qué me gusta?)

Advertencia: este texto es sólo una nota estúpida que enumera los gustos y pareceres pseudo onanísticos de la doxoadicta, que no le importan a nadie más que a ella. Léalo bajo su propio riesgo. O, si prefiere, al costado.

“¿Por qué me gusta?”. Es una pregunta que me ha atormentado desde los comienzos de mi humanidad. Hay ropa, situaciones, obras, personas, comidas, colores, lugares que me gustan o agradan, y cuando quiero dar cuenta del por qué, no puedo dar una explicación satisfactoria ni para mí, ni para los demás.

Parece que sólo debería conformarme con disfrutar de la presencia, proyección, o interacción con el objeto/ sujeto de mi afecto. Palo y a la bolsa. Y es una excelente idea, eh. Pero, casi siempre me vienen esas ganas estúpidas de analizar el por qué, sin sesgos psicologistas (¡ni siquiera eso!), sino desde mi perspectiva de doxoadicta, que llega a conclusiones sin sustento, en base a mis encubiertamente caprichosos dictámenes.

Y bueno, he aquí algunas explicaciones que, más explicaciones, son un catálogo de cualidades que esas cosas deben tener para gustarme, y sólo provoca que vuelva a repreguntarme el por qué hasta el infinito.

Pero como soy valiente (o porque no tengo excusas), reconozco mi frustración ante el intento de hallar respuestas a tamaña pregunta existencial.

A continuación, describo por qué me gustan determinadas cosas, aunque realmente esté respondiendo qué cualidades me gustan de los objetos/ sujetos en cuestión.

Noche: me gusta tanto, que al día le pondría una inyección letal. La noche me agrada porque el sol no me encandila; es fresca; ya no estoy en el trabajo; el cielo es azul profundo; se ven las estrellas; las sombras envuelven la vida con un halo de misterio; puedo tomar cerveza sin que me miren feo (como me sí me pasó la otra mañana); porque puedo dormir seis horas de un tirón; los autos no hacen tanto barullo; porque puedo leer un libro sin que me llamen, me jodan, me pellizquen o me tiren pedos; porque se ven los Ovnis; porque es cuando la gente está más desocupada y puedo encontrarme con familiares/amigos/gratos conocidos; porque me puedo esconder en la oscuridad y asustar al que pase cerca; porque el jazmín del patio emana más perfume; porque tiene sentido mirar una peli de terror.

Helado de crema (excepto sambayón, pistaccio, y la barra de veneto): es dulce; refrescante; me da un “masoquistita” dolor de cabeza; no tengo que masticarlo (porque se toma, por supuesto); generalmente se consume en una ocasión o celebración especial; pone en alerta todas las áreas de mis papilas gustativas; es suave; cremoso; me genera expectativas mientras como la comida; y es (¿no lo mencioné?) rico, rico, rico ríííííícoooo… mmm. ¡Rico!

Azul: me trae nostalgias, es el color del cielo y del mar, da la sensación de profunda calma, es bastante combinable, da nombre a una pegajosa canción de Cristian Castro; creo que es el color del infinito; su nombre, en inglés, hace referencia a un hermoso género musical.

Bach (Johann Sebastián, no el de Juan Salvador Gaviota): su música es a la vez matemática y sentimental, todas sus composiciones valen la pena de ser escuchadas, sus armonías no tienen comparación, con sus escalas cromáticas sentó las bases para la música que lo sucedió (incluso, aunque me cueste reconocerlo, Arjona y Palito Ortega), todos le copian y nadie se da cuenta. Si no te gusta Bach, tenés tubérculos creciéndote en los oídos.

Cerveza: es dorada, me entretiene ver como suben las burbujitas e hilera para formar la espuma, tiene un delicioso dejo amargo y miles de vestigios de sabor, me pone contenta, se toma de noche, se toma con otra gente, fortalece los huesos, y genera la mayoría de las publicidades originales y no detestables que puedan verse en televisión.

Mar (excepto del Plata): va y viene, no tiene camalotes ni víboras, es azul, me deja perpleja en su inmensidad, no se ve la otra orilla, es majestuoso, las olas me salpican desde lejos, no corro riesgos de que un sorete me pase nadando cerca (como en los riachos serranos), siempre hay viento cerca del mar.

Gente que me agrada: me gusta escuchar lo que tienen para decir, aunque no sea sabio ni profundo, pero son buenos relatores/as, saben convertir lo rutinario en una artesanía, como mínimo.

Bueno, como ya no tengo ganas de seguir escribiendo ovarieses, hasta acá llegué.
Y sólo puedo agregar que la mejor respuesta a mi pregunta es: ¡Porque me gusta, carajo!

domingo, 15 de noviembre de 2009

Maldito barrilete cósmico (Se me pincha el globo)


Quién dice que un buen día, de tanto mirar para arriba, no doy un buen tropiezo y caigo de bruces al cielo. Y, capaz, una nube negra amortigüe mi caída; o esa estrella puntiaguda se me clave en este ojo.

Es posible, también, que un angelito pase haciendo gambetas con la luna, le tire un centro al astronauta y yo ni me de por enterada.

Puede pasar que Saturno me invite a bailar hula hula, sus anillos me queden chicos y él tenga que menear solito. O que la bóveda celeste se abra y lluevan monedas de diamante. Y que la Vía Láctea se cuaje para hacer asteroides de ricota.

Tal vez, las Tres Marías no sean trillizas, los Siete Cabritos ya estén asados, Orión no tenga cintura, y la Cruz del Sur esté invertida. Es factible.

Pero, lo seguro, es que un barrilete me envolverá con su cola, me susurrará los secretos del Universo y me devolverá a la Tierra; un planeta al que (sospecho) no pertenezco.

lunes, 19 de octubre de 2009

Puro cuento I (True colors)


Sí, sí señores. Ya lo hicieron Xuxa, Madonna, y Araceli González; ahora es mi turno de publicar cuentos para los locos bajitos. ¡Alegraos, enanos del Hospital Roballos, pues ya tenéis quien os escriba! ¡Provecho!



No esperaba al Príncipe Azul, ni tampoco lo quería. Era engreído, estúpido, y demasiado apuesto; una presa fácil para las Cortesanas Jade que acechaban en cada rincón del palacio. Además, todos sabían que desde su infancia, su destino estaba ligado al de alguna Princesa Rosada.
Tampoco le gustaba el Rey Rojo, machote, violento y burdo, que recorría el reino en busca de mujeres de todos los colores, para saciar su apetito carnal y afirmar así su dudosa hombría.
Detestaba al Mariscal Verde, que escondía su entrecejo fruncido bajo un yelmo intimidante. Un déspota al servicio de otro déspota, cruel, insensible, sin imaginación.
El casto Sacerdote Blanco estaba fuera de su alcance, pero nunca le había despertado interés, de todos modos. Además, le resultaba hipócrita; más que blanco, lo veía manchado de amarillo.
El Bufón Anaranjado la hacía reír, pero nada más. No se podía hablar en serio con él; y el color naranja le resultaba demasiado chillón.
La Condesa Violeta se le había insinuado la otra noche en un banquete, pero ella la rechazó amablemente. No era ese el color que buscaba, tan similar al suyo.

Nadie en el reino sabía a quién le regalaría su corazón la Dama Índigo. Es más, nadie lo había visto jamás, ya que lo guardaba en un cofre, oculto en una torre situada en la cima de la Montaña Marfil; la joven tenía miedo de que alguien se lo robara, por eso lo escondió en un lugar casi inaccesible. Índigo reservaba su corazón para algún Caballero Dorado o de cualquier color que no figurara en el arco iris.
Una inesperada tarde de tormenta, apareció en el palacio un Juglar Gris, llegado desde la Comarca Recóndita. El joven traía cuentos, relatos y canciones de otros reinos por los que había peregrinado. Las demás muchachas no parecían reparar en el joven melancólico, pero la Dama Índigo (por algún motivo que ignoraba) se quedó prendada de aquel plebeyo, y decidió que le daría su corazón.

Esa misma noche, la Dama se acercó al Juglar; le confesó sus sentimientos y le pidió que la esperara un tiempo, ya que tendría que emprender un viaje largo, en busca del corazón oculto. Él la besó y le deseó buen viaje.

Continuará…

sábado, 3 de octubre de 2009

¡Déjennos tranquilas! (Girls just wanna have fun)

Después de dos largas semanas de recuperación, decidí volver a probar unas cuantas líneas. Estaba por hacer un mea culpa por mi texto anterior, pero mi conciencia ya huele como baño público y no necesita más cloros. Así que hoy voy a escribir sobre lo que se me canta, voy a vomitar parte de lo que vengo conteniendo desde hace tiempo.

Agarráte, Catalina -o Marta, o Juliana, o como te llames-, que acá va: ¿alguna vez te pasó estar disfrutando de un momento de ocio y que pase algún hombre y se burle de tu sana diversión? ¿Nunca escuchaste una frase al estilo de “qué pavada eso que estás viendo” o “dejá de perder el tiempo”, pronunciada por algún varón? Y, en el mejor de los casos, ¿jamás te ocurrió que durante tu merecido momento de esparcimiento un másculo te mire con una sonrisa condescendiente, como diciendo “pobre idiota, en lugar de materia gris tiene materia fecal”?

Bueno, Cati, si a vos no te pasó, te envidio. Porque a mí me sucede con frecuencia. Sin ir más lejos, te cuento que la otra noche, mientras todos dormían en el Centro de Rehabilitación, yo era la única que andaba levantada. Así que me serví un vaso de agua Ser (que era la única bebida fresca) y encendí el televisor, esperando que Morfeo me amigue con el sueño. Como no había nada interesante, comencé a hacer zapping y paré cuando llegué al canal Discovery Home and Health, donde estaban transmitiendo No Te Lo Pongas (ver Vicio de la Semana).

Para quienes desconocen de qué se trata, es un programa en el que a una persona chacuaja le dan US$ 5.000 para que cambie su guardarropa; no sin antes darle unos consejos sobre qué tipo de atuendo le sentaría mejor, teniendo cuenta edad, fisonomía y actividad socio-laboral del individuo en cuestión. Y antes de proseguir mi relato, a quienes dicen que cada cual puede vestirse como quiera, yo les digo: tienen total y absoluta razón. Pero eso sí; no pueden negarme que hay gente que se viste mal. Si tenés 50 años, pesás 80 Kg., trabajás en una oficina pública y te ponés un top fucsia con lentejuelas, sos una mal vestida (o un mal vestido, según el caso). Esa ropa no te favorece, y punto.

Lo que más me gusta de ese programa, es que los conductores asesoran a la “fashion victim”, pero le dejan un margen para que ella (o él) elija su ropa y monte su estilo (incluso yo he aplicado algunos de esos consejos a la hora de comprar ropa, con una notable mejora en mi forma de vestir). En resumidas cuentas, me entretiene.

Bueno, volviendo a mi noche de insomnio en el Centro de Rehabilitación, en lo más interesante del programa -que es cuando muestran el antes y el después del cambio de look-, otro doxoadicto irrumpió en el living, diciendo “Qué fácil que se entretienen las mujeres”. Y, no conforme con la afrenta, añadió: “y encima te hacés la Light”, en clara alusión a mi vaso de Ser. En el momento de bronca, no pude atinar más que a propinarle una buena puteada, pero eso no me trajo ninguna satisfacción. Igual, el tipo ya había arruinado mi momento de soslayo.

Y este es sólo un ejemplo; vivo situaciones similares mientras hago bicicleta fija, al charlar sobre moda con alguna amiga, al pintarme las uñas, al hacer playback sobre una aria de ópera (sí, “O mio babbino caro”) o al realizar cualquiera de esas actividades que las mujeres solemos hacer para “desenchufarnos”, como dicen los jóvenes hoy día.
Es cierto que son zonzeras, banalidades, pavadas; pero son zonzeras, banalidades, pavadas que no dañan a nadie, es diversión sana. Malo sería si me pasara todo el tiempo haciéndolas, pero no es así. Esas cosas ocupan un ínfimo porcentaje de mi tiempo, y conforman esa cuota lúdica que todo ser humano necesita para que la vida no le aplaste el espíritu.

Si algún hombre que disfruta arruinando los momentos de soslayo a las mujeres está leyendo estas líneas, le pido que me responda: ¿por qué lo hacés? ¿Acaso nosotras nos reímos de uds. cuando ponen en práctica actividades para “desenchufarse”? No sé cual es la diferencia sustancial entre mirar deportes por TV y mirar No Te Lo Pongas; entre hacer bicicleta y jugar un picado; entre charlar de moda y charlar de autos; entre jugar a la canasta y jugar a la Play; entre tomar agua Ser y tomar "Gatorei". ¿Acaso los pasatiempos estereotípicos de los hombres son más elaborados o más serios que los de las mujeres? ¿Jugando videojuegos van a erradicar la pobreza? ¿Mirando deportes van a solucionar el conflicto en Oriente Medio? ¿Tomar Ser no hace la diferencia, pero beber "Gatorei" los hace correr como Ronaldinho? ¿Jugar a la pelota los ejercita, pero hacer bicicleta fija a nosotras no nos va a achicar el culo?

¡Basta! Déjennos tranquilas. A nosotras también nos gusta hacer cosas sin sentido (aparente), como hacen uds. Todas y todos nos merecemos ese momento de diversión sana. Y como dijo la gran poetisa Cindy Lauper, Girls just wanna have fun!