martes, 2 de agosto de 2011
Apología prosáica (parole, parole, parole)
...hoy te voy a pedir que cambiemos tanto verso por una prosa. Que sea espontánea, libre, de corrido. Saquemos el artificio de sobra, imaginemos que existe un lenguaje en estado puro o acerquémonos un poco a lo imposible. Dejemos que los espacios nazcan cuando nos bese el silencio y la métrica se adapte a la partitura. Escribamos sin respetar el margen, afuera de la hoja, sobre la mesa, en el piso, las paredes, en nuestras frentes. Y que cuando nos lean en voz alta se estremezcan, aunque no entiendan. Dibujemos letras blancas, redondas. Silbemos la música sin compás de la poesía. Actuemos cada verbo hasta el hastío, saquemos adjetivos rozando el arco de un violín, gimamos sustantivos que no sean necesarios. Andemos por las sendas del doble sentido y soñemos una casa donde nos abriguen palabras hermosas -arándano, pianoforte, madreselva-, sonoridades en todos los idiomas. Llevemos esta prosa a flor de piel, hagámosla carne, sintamos su vida propia in crescendo, en la punta de la lengua, en el oído medio, entre las piernas. Dejemos la mente bien abierta, hagamos que las palabras sean -por esta vez- deseos sinceros. Y que los deseos crucen -aunque sea hoy- esta barrera del sonido...
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just cursi
lunes, 11 de julio de 2011
Vademécum antropológico (safari x feisbuc)
Harta de tanta pelotudez monopolizada en un mismo lugar, decidí redistribuirla plasmando una buena dosis de la misma en un espacio al que ya no se le da tanta pelota. Sí, señores: Blogger también merece ser pelotudizado y yo me encargaré de eso (o pondré mas ahínco).
Antes de que continúe con su condescendiente lectura, debo advertirle que si Ud. está harto/a de leer pavadas a diario, aquí empachará vuestro cerebro aún más, con las mismas paparruchadas. Pero con la ventaja de que estarán catalogadas y ordenadas en un precario manual de sociología espontánea.
Reconozco que quizás alguien ya se encargó de hacer este análisis (por las dudas no lo googlearé, no quiero ceder en la tentación del plagio). También se que esto será lo que el programa de Rial es a Bailando por un Sueño -un parásito que se alimenta de una garrapata-, pero si no lo hago mi TOC no me dejará vivir; necesito darle una estructura a esta pila de información inútil.
Por esto y mucho más, me erigiré en solemne acusadora que ve el semen en el ojo ajeno y señalaré los vicios que pude identificar en los demás. Convertiré esta selva en un zoológico; he aquí los animales:
Barderos Virtuales. Son los que están a la expectativa de lo que publican los demás para hacerles objeciones, atacar, o comentar “qué lástima que no exista la opción 'no me gusta'”.
Comentaristas Compulsivos. Ni bien terminás de colgar algo en tu muro, ya te comentan una pelotudez. Estos especímenes quedan especialmente en evidencia cuando colgás un enlace de alguna nota perodística cuya lectura no puede tomar menos de 5 minutos pero, a los 30 segundos de haberlo posteado, ellos ya te hicieron un comentario vago como “muy cierto”, “tal kual”, etc. En realidad no les importa tu publicación, sólo quieren que se note su presencia.
Consigneros del Día. Sus publicaciones nunca tienen menos de 8 comentarios. Parece que lo primero que hacen cuando madrugan es ponerse a rebuscar entre sus ideas alguna cosa original que poner en sus muros para enganchar a la gente y mantener su popularidad.
Gorilas en Red. Son un fenómeno de este último tiempo. Antes estaban ocultos, pero con la llegada del caralibro se sacaron las máscaras y dejaron al descubierto su verdadera -y lamentable- forma de pensar.
Exhibicionistas Empederidos. Cuentan el tamaño, forma, consistencia y aroma de sus deposiciones. Anuncian dónde, con quién y qué están haciendo. Si les duele el meñique, todos nos enteramos y muchos lo acompañan en su dolor con un simple :( como comentario, ya que no les importa pero igual quieren comentar (ver Comentaristas Compulsivos). Cuelgan fotos de lo que acaban de cocinar con un infalible “nche c/ amigos en ksa. sale pizza d atun!!!!..” -nótese el odioso 'sale', término mocesco tan de moda. Mención especial para los fans de las aplicaciones “My Mood” y “La Meteo del Humor”.
Gustadores Sin Criterio. Les gusta desde “Tu hermana sin depilar en tanga”, pasando por “Poné me gusta si también hacés pancitos de mocos en la clase de Geometría” -entre otras cosas por el estilo escritas con horrores de ortografía- y llegando a “Mauricio Macri (político)”. Aunque, pensándolo bien, hay cierta coherencia en medio del aparente eclecticismo.
Gustadores Sosos. Este es un tipo especial de agradadores, podría etiquetarselos como puramente pedorros. Sólo le ponen el pulgar arriba a fotos de bebés con los culos entalcados, panzas de embarazadas a punto de explotar, caniches posando junto a un florero tornasolado, y consejos espiritualoides de Claudio María Domínguez. Ah, y si comentan, ponen “Que el cielo derrame bendiciones sobre ti”.
Vj's Frustrados. Son MTV rejects. Sólo cuelgan videos de bandas sacados de Youtube para hacer alarde de su buen gusto musical (Pink Floyd y The Beatles son los artistas más posteados en estos casos) o falta del mismo (Arjona, Justin Timberlake, Jorge Rojas, rock chabón).
Voyeurs. Si bien todo aquel que tiene una cuenta en esta red social tiene un poco de mirón, los Voyeurs son gente bastante fácil de identificar, ya que generalmente ni siquiera ponen una foto en su perfil. No comentan, ni publican nada. Sólo quieren ver a los demás (incluso a gente a la que agregaron al azar), pero sin ser vistos. Y si entrás a su perfil para devolverles el favor, encontrás que sus únicos retratos son bandejas de desayunos artesanales y ropa traída de La Salada, imágenes en las que fueron etiquetados por microemprendedoras amigas.
La lista todavía tiene vacantes, pero voy a dejarla aquí nomás, no vaya a ser que la paja se me clave en el ojo propio. Y yo sin colirio...
Antes de que continúe con su condescendiente lectura, debo advertirle que si Ud. está harto/a de leer pavadas a diario, aquí empachará vuestro cerebro aún más, con las mismas paparruchadas. Pero con la ventaja de que estarán catalogadas y ordenadas en un precario manual de sociología espontánea.
Reconozco que quizás alguien ya se encargó de hacer este análisis (por las dudas no lo googlearé, no quiero ceder en la tentación del plagio). También se que esto será lo que el programa de Rial es a Bailando por un Sueño -un parásito que se alimenta de una garrapata-, pero si no lo hago mi TOC no me dejará vivir; necesito darle una estructura a esta pila de información inútil.
Por esto y mucho más, me erigiré en solemne acusadora que ve el semen en el ojo ajeno y señalaré los vicios que pude identificar en los demás. Convertiré esta selva en un zoológico; he aquí los animales:
Barderos Virtuales. Son los que están a la expectativa de lo que publican los demás para hacerles objeciones, atacar, o comentar “qué lástima que no exista la opción 'no me gusta'”.
Comentaristas Compulsivos. Ni bien terminás de colgar algo en tu muro, ya te comentan una pelotudez. Estos especímenes quedan especialmente en evidencia cuando colgás un enlace de alguna nota perodística cuya lectura no puede tomar menos de 5 minutos pero, a los 30 segundos de haberlo posteado, ellos ya te hicieron un comentario vago como “muy cierto”, “tal kual”, etc. En realidad no les importa tu publicación, sólo quieren que se note su presencia.
Consigneros del Día. Sus publicaciones nunca tienen menos de 8 comentarios. Parece que lo primero que hacen cuando madrugan es ponerse a rebuscar entre sus ideas alguna cosa original que poner en sus muros para enganchar a la gente y mantener su popularidad.
Gorilas en Red. Son un fenómeno de este último tiempo. Antes estaban ocultos, pero con la llegada del caralibro se sacaron las máscaras y dejaron al descubierto su verdadera -y lamentable- forma de pensar.
Exhibicionistas Empederidos. Cuentan el tamaño, forma, consistencia y aroma de sus deposiciones. Anuncian dónde, con quién y qué están haciendo. Si les duele el meñique, todos nos enteramos y muchos lo acompañan en su dolor con un simple :( como comentario, ya que no les importa pero igual quieren comentar (ver Comentaristas Compulsivos). Cuelgan fotos de lo que acaban de cocinar con un infalible “nche c/ amigos en ksa. sale pizza d atun!!!!..” -nótese el odioso 'sale', término mocesco tan de moda. Mención especial para los fans de las aplicaciones “My Mood” y “La Meteo del Humor”.
Gustadores Sin Criterio. Les gusta desde “Tu hermana sin depilar en tanga”, pasando por “Poné me gusta si también hacés pancitos de mocos en la clase de Geometría” -entre otras cosas por el estilo escritas con horrores de ortografía- y llegando a “Mauricio Macri (político)”. Aunque, pensándolo bien, hay cierta coherencia en medio del aparente eclecticismo.
Gustadores Sosos. Este es un tipo especial de agradadores, podría etiquetarselos como puramente pedorros. Sólo le ponen el pulgar arriba a fotos de bebés con los culos entalcados, panzas de embarazadas a punto de explotar, caniches posando junto a un florero tornasolado, y consejos espiritualoides de Claudio María Domínguez. Ah, y si comentan, ponen “Que el cielo derrame bendiciones sobre ti”.
Vj's Frustrados. Son MTV rejects. Sólo cuelgan videos de bandas sacados de Youtube para hacer alarde de su buen gusto musical (Pink Floyd y The Beatles son los artistas más posteados en estos casos) o falta del mismo (Arjona, Justin Timberlake, Jorge Rojas, rock chabón).
Voyeurs. Si bien todo aquel que tiene una cuenta en esta red social tiene un poco de mirón, los Voyeurs son gente bastante fácil de identificar, ya que generalmente ni siquiera ponen una foto en su perfil. No comentan, ni publican nada. Sólo quieren ver a los demás (incluso a gente a la que agregaron al azar), pero sin ser vistos. Y si entrás a su perfil para devolverles el favor, encontrás que sus únicos retratos son bandejas de desayunos artesanales y ropa traída de La Salada, imágenes en las que fueron etiquetados por microemprendedoras amigas.
La lista todavía tiene vacantes, pero voy a dejarla aquí nomás, no vaya a ser que la paja se me clave en el ojo propio. Y yo sin colirio...
jueves, 30 de junio de 2011
Life as a cliché 1 (“T-chín”)
Hay una serie de clichés cinematográficos que anhelo con ansias que sucedan en mi vida real -porque en la imaginaria ya no caben más, hasta los empecé a repetir. Vale aclarar que muchos no pertenecen a ninguna película en particular, sino que son producto de mi imaginación -o fueron retocados por la misma-, que está en constante feedback con el séptimo arte. Porque me gusta imaginar que soy la protagonista de mi propia vida. “T-chín!” (Nota: esta onomatopeya aparecerá al final de cada frase, escena o personaje candidato a ser incluido en el guión de la película pochoclera que jamás escribiré).
Uno de mis sueños más recurrentes es bajar de un Corvette (t-chín) junto a un muchacho alto, rubio y musculoso (t-chín, t-chín), entrar a un restaurant de poca monta, situado junto alguna carretera que atraviese el desierto de Arizona (t-chín, t-chín, t-chín), y que una camarera whitetrash llamada Loretta nos sirva café mientras le guiña el ojo a mi novio y masca chicle cuan rumiante en celo (t-chín, t-chín, t-chín, t-chín); él le sonríe, le toca el culo y yo les sampo la taza de café a ambos. Me acomodo los lentes de sol, y salgo disparada hacia el horizonte en mi bólido rojo, mientras les muestro el dedo del medio por el espejo retrovisor (tsunami de t-chín's).
Otra escena que se repite desde mi infancia es la celebración (?... !) de mi funeral: una tarde lluviosa (t-chín, t-chín) una pompa fúnebre marcha apesadumbradamente, llevando mi féretro, vestidos todos de negro -las mujeres, con velos- (t-chín, t-chín, t-chín) mientras suena de fondo el Adagio de Samuel Barber (t-chín, t-chín, t-chín, t-chín,), y toda la gente que fue mala conmigo (por lo general, mi pobre madre) echa un puñadito de tierra sobre mi cajón mientras la culpa les carcome el interior (orgasmo de t-chín's). Lástima que no voy a estar viva para ver esto.
Pero el mejor de los cichés es discutir acaloradamente en français con Vincent Cassel, y concluir todo con un “je t'adore, mon amour” (+ un french kiss).
Continuará... (t-chín!)
Uno de mis sueños más recurrentes es bajar de un Corvette (t-chín) junto a un muchacho alto, rubio y musculoso (t-chín, t-chín), entrar a un restaurant de poca monta, situado junto alguna carretera que atraviese el desierto de Arizona (t-chín, t-chín, t-chín), y que una camarera whitetrash llamada Loretta nos sirva café mientras le guiña el ojo a mi novio y masca chicle cuan rumiante en celo (t-chín, t-chín, t-chín, t-chín); él le sonríe, le toca el culo y yo les sampo la taza de café a ambos. Me acomodo los lentes de sol, y salgo disparada hacia el horizonte en mi bólido rojo, mientras les muestro el dedo del medio por el espejo retrovisor (tsunami de t-chín's).
Otra escena que se repite desde mi infancia es la celebración (?... !) de mi funeral: una tarde lluviosa (t-chín, t-chín) una pompa fúnebre marcha apesadumbradamente, llevando mi féretro, vestidos todos de negro -las mujeres, con velos- (t-chín, t-chín, t-chín) mientras suena de fondo el Adagio de Samuel Barber (t-chín, t-chín, t-chín, t-chín,), y toda la gente que fue mala conmigo (por lo general, mi pobre madre) echa un puñadito de tierra sobre mi cajón mientras la culpa les carcome el interior (orgasmo de t-chín's). Lástima que no voy a estar viva para ver esto.
Pero el mejor de los cichés es discutir acaloradamente en français con Vincent Cassel, y concluir todo con un “je t'adore, mon amour” (+ un french kiss).
Continuará... (t-chín!)
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jueves, 16 de junio de 2011
A gift (from you)
Cada vez que me vienen ganas de llorar para las que no tengo lágrimas, cuando las agujas me pinchan la piel desde adentro, esas noches en que la garganta se sacude en espasmos vacíos, yo tengo un as debajo de la manga. Una amalgama de recuerdos tuyos, reminiscencias de esa noche y del monólogo que le dedicaste a mi autómata -que sólo te devolvía monosílabos-, la despedida antes del “Hola!”, el paseo por Almafuerte, el abrazo frente a la puerta, las lágrimas en el piso mientras me descalzaba las sandalias rojas, y mi estropajo comiendo una Tita en algún banco de plaza.
No importa qué haya pasado en mi día, cuántos amigos haya perdido, ni los cachorritos aplastados por doscientos conductores imprudentes. Nada, pero nada, me ayuda a llorar como lo hace tu involuntario y valioso regalo, que primero no supe aceptar. Gracias. De veras.
No importa qué haya pasado en mi día, cuántos amigos haya perdido, ni los cachorritos aplastados por doscientos conductores imprudentes. Nada, pero nada, me ayuda a llorar como lo hace tu involuntario y valioso regalo, que primero no supe aceptar. Gracias. De veras.
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domingo, 5 de junio de 2011
Felicidad y sinsentidos (texto sans goyette)
Además de grandes cantidades de calorías, grasas trans, puteríos y fugas de capitales, las cenas con amigos traen aparejadas cosas positivas: risas, confidencias, proyectos, nuevos amigos. Cosas por las que valen la pena engordar, tener colesterol, chusmear (sí, sí, el puterío hace mal), y quedar en bancarrota.
Últimamente, casi todas las noches me alimento (?) a base de pizzas, sandwiches, alcohol y otras porquerías carísimas que, sin embargo, me aportan felicidad.
Dicen -y cada día estoy más segura de ello- que la felicidad no es un estado permanente, sino pequeñas dosis de placer/bienestar/paz que se intercalan con cansancios, ansias, aburrimientos, enojos y tristezas. Y eso es lo que trato de inyectarme.
Otra cosa, juran que mientras menos sabe uno, cuando menos piensa, más feliz es. Por ende, cuando soy feliz no estoy con todas mis luces prendidas. O sea que la felicidad es un fluir del sinsentido.
Acerca de la felicidad también afirman que la misma no se puede comprar con dinero. Pero, digo, si pago pizza para tener una excusa para juntarme con amigos para ser feliz: ¿no estoy comprando -aunque sea indirectamente- felicidad junto con esas porciones de comida chatarra?
Cadena de sentido viciosa: 1) Tener dinero no hace a la felicidad. Pero gastarlo ¡cómo ayuda! 2) Es al pedo hablar sobre algo que no tiene sentido (como la felicidad), por lo que leer esto también es perder el tiempo. 3) El tiempo es dinero, así que estás perdiendo platita. 4) Con ese dinero, podrías estar ayudando a tu felicidad. 5) Leer esto no tiene sentido, pero tampoco te hace felíz. 6) No todo lo que no tiene sentido es felicidad. 7) Ya me cansé. Me voy a comer una hamburguesa.
Últimamente, casi todas las noches me alimento (?) a base de pizzas, sandwiches, alcohol y otras porquerías carísimas que, sin embargo, me aportan felicidad.
Dicen -y cada día estoy más segura de ello- que la felicidad no es un estado permanente, sino pequeñas dosis de placer/bienestar/paz que se intercalan con cansancios, ansias, aburrimientos, enojos y tristezas. Y eso es lo que trato de inyectarme.
Otra cosa, juran que mientras menos sabe uno, cuando menos piensa, más feliz es. Por ende, cuando soy feliz no estoy con todas mis luces prendidas. O sea que la felicidad es un fluir del sinsentido.
Acerca de la felicidad también afirman que la misma no se puede comprar con dinero. Pero, digo, si pago pizza para tener una excusa para juntarme con amigos para ser feliz: ¿no estoy comprando -aunque sea indirectamente- felicidad junto con esas porciones de comida chatarra?
Cadena de sentido viciosa: 1) Tener dinero no hace a la felicidad. Pero gastarlo ¡cómo ayuda! 2) Es al pedo hablar sobre algo que no tiene sentido (como la felicidad), por lo que leer esto también es perder el tiempo. 3) El tiempo es dinero, así que estás perdiendo platita. 4) Con ese dinero, podrías estar ayudando a tu felicidad. 5) Leer esto no tiene sentido, pero tampoco te hace felíz. 6) No todo lo que no tiene sentido es felicidad. 7) Ya me cansé. Me voy a comer una hamburguesa.
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De poco un todo
jueves, 14 de abril de 2011
Do re mi (faa, pifié la nota)
Si todas mis personalidades fueran acordes musicales, seguro que una de ellas sonaría como un mi dominante. Sí, porque hay una yo dominante. Con un poco de autoindulgencia, la describiría como analítica, realista, egoísta y represora; en fin, lo que en lenguaje coloquial se denomina mala onda. No aflora siempre, pero cuando aparece crea un potente campo gravitacional que absorbe hasta la luz de mis otras Lu(s). Pero repele al resto de la gente.
Una noche de estas estaba en un antro de mala muerte -aunque nunca me pareció del todo mala la idea de morir allí- cuando, de forma insesperada y sin vaselina, mi dominante comenzó a dar la nota. Pero antes de continuar tengo que darme un changüí: se conjugaron varios factores que atrajeron su presencia.
En primer lugar, cerveza tibia y un lemon champ que no asentaron nada bien a mi estómago. En segundo, una muchedumbre fumadora que empujaba, sudaba, pellizcaba nalgas y frotaba partes. Y tercero, un culo enfundado en un pantalón blanco se coló a los sacudones dentro el grupete del que yo formaba parte. Detrás de ese trasero poco agraciado apareció un pendejito bastante desgaciado haciéndose el gracioso. Y bueno, ahí se produjo mi cortocircuito interior.
Es cierto que lo que acabo de describir es una escena de lo más corriente en las noches de cualquier ciudad de estas latitudes litoraleñas con olor a pajonal; pero esta vez fue más fuerte que yo. Capáz que me estoy volviendo vieja, y ya no tengo ganas ni fuerzas para pelear contra la yo dominante. O tal vez el tipo me parecía feo y grasa, nomás.
La cuestión es que en ese momento tenía ganas de que al boludito lo parta un rayo [y que a su culito lo parta otra cosa]. Qué los hace pensar que el hecho de estar en un pub los habilita a hacerse los chistosos, a decirte “mala onda” cuando no te conocen -ni saben qué mierda te pasó en el día-, a juzgarte, a manosearte, a obligarte a gustar, a inmiscuirse en tu espacio personal, a no pedir permiso siquiera. En fin, cosas que en cualquier otro momento del día los haría comerse un buen cachetazo aderezado con puteadas.
En ese momento, la mi dominante se abstrajo de las circunstancias y arruinó la armonía, dejando perplejas a las demás personas que me acompañaban en ese momento, quienes dudo que algún día terminen de descifrar la rara sinfonía que llevo dentro. Y al notar que la supremacía de la dominante generaba tensión y no daba con la tónica, las otras yo empezaron a suplicar que deje escapar una sonrisita, aunque sea. Que mueva las cachas. Que se tome algún trago. En fin, que ponga en el pentagrama algún do, re, fa, sol, si. O un mi natural. Pero no. La dominante estaba emputecida, no iba a dar el brazo a torcer, ni a disimular la cara de culo que me afloraba. Por lo que la mejor opción fue retirarme del lugar y no embarrarle la noche al resto de la gente que, al parecer, estaba dispuesta a interpretar el rol que la noche impone en estas latitudes litoraleñas con olor a pajonal.
A modo de conclusión, tengo que reconocer que no hay cierre para este breve relato lleno de nudos y ningún desenlace. En vez de eso, dejaré que lo anterior sirva de pie para una útil advertencia: a veces desafino. Sépanlo.
Una noche de estas estaba en un antro de mala muerte -aunque nunca me pareció del todo mala la idea de morir allí- cuando, de forma insesperada y sin vaselina, mi dominante comenzó a dar la nota. Pero antes de continuar tengo que darme un changüí: se conjugaron varios factores que atrajeron su presencia.
En primer lugar, cerveza tibia y un lemon champ que no asentaron nada bien a mi estómago. En segundo, una muchedumbre fumadora que empujaba, sudaba, pellizcaba nalgas y frotaba partes. Y tercero, un culo enfundado en un pantalón blanco se coló a los sacudones dentro el grupete del que yo formaba parte. Detrás de ese trasero poco agraciado apareció un pendejito bastante desgaciado haciéndose el gracioso. Y bueno, ahí se produjo mi cortocircuito interior.
Es cierto que lo que acabo de describir es una escena de lo más corriente en las noches de cualquier ciudad de estas latitudes litoraleñas con olor a pajonal; pero esta vez fue más fuerte que yo. Capáz que me estoy volviendo vieja, y ya no tengo ganas ni fuerzas para pelear contra la yo dominante. O tal vez el tipo me parecía feo y grasa, nomás.
La cuestión es que en ese momento tenía ganas de que al boludito lo parta un rayo [y que a su culito lo parta otra cosa]. Qué los hace pensar que el hecho de estar en un pub los habilita a hacerse los chistosos, a decirte “mala onda” cuando no te conocen -ni saben qué mierda te pasó en el día-, a juzgarte, a manosearte, a obligarte a gustar, a inmiscuirse en tu espacio personal, a no pedir permiso siquiera. En fin, cosas que en cualquier otro momento del día los haría comerse un buen cachetazo aderezado con puteadas.
En ese momento, la mi dominante se abstrajo de las circunstancias y arruinó la armonía, dejando perplejas a las demás personas que me acompañaban en ese momento, quienes dudo que algún día terminen de descifrar la rara sinfonía que llevo dentro. Y al notar que la supremacía de la dominante generaba tensión y no daba con la tónica, las otras yo empezaron a suplicar que deje escapar una sonrisita, aunque sea. Que mueva las cachas. Que se tome algún trago. En fin, que ponga en el pentagrama algún do, re, fa, sol, si. O un mi natural. Pero no. La dominante estaba emputecida, no iba a dar el brazo a torcer, ni a disimular la cara de culo que me afloraba. Por lo que la mejor opción fue retirarme del lugar y no embarrarle la noche al resto de la gente que, al parecer, estaba dispuesta a interpretar el rol que la noche impone en estas latitudes litoraleñas con olor a pajonal.
A modo de conclusión, tengo que reconocer que no hay cierre para este breve relato lleno de nudos y ningún desenlace. En vez de eso, dejaré que lo anterior sirva de pie para una útil advertencia: a veces desafino. Sépanlo.
domingo, 20 de marzo de 2011
Brainstorm II (preguntontas existenciales)
¿Por qué a las depiladoras les gusta escuchar Arjona mientras trabajan? | ¿De dónde salen las pelusas? | ¿Qué pretenden ustedes de Isabel Sarli? | ¿Cuándo me voy a recibir? | ¿Alguien vio la cara de la esposa del ingeniero Blumberg alguna vez? | ¿De dónde salió el mito de que a las mujeres no nos duele golpearnos en la zona genital? | ¿Cómo encuentro a un tipo que no tiene facebook ni está en la guía? La pregunta anterior, ¿me convierte en una acosadora? | ¿A quién se le ocurre aplicar el adjetivo 'hermosa' al sustantivo propio 'Jennifer Aniston'? | Karen Carpenter pregunta: ¿por qué los pajarillos aparecen de repente cada vez que estás cerca? Y yo: ¿se lavará la cabeza con shampoo de alpiste? | ¿Cuál es el motivo por el que algunas mujeres se ponen las corbatas de sus amigos o parejas cuando se arma el bailongo en los casamientos? | ¿En qué momento la búsqueda de la perfección comenzó a denominarse obsesión compulsiva? | ¿Está comprobado que si comés sandía con vino te morís? | Pero, posta ¿creen les queda sexy ponerse una corbata con el rostro de Curly estampado? ¿O piensan que es un accesorio mágico que hace lucir divertida hasta a la rubia bronceada más platinada? | ¿Y para qué sirven las hamacas para celulares? ¿Es importante que nuestros teléfonos móviles estén bien hamacados y amenizados? ¿Acaso los celulares pasaron a ser una suerte de tamagochi que necesita alimentarse y divertirse para no morir? ¿Ya no alcanza con cargarles la batería y evitar tirarlos al piso, pedazos de fetichistas? | Además del nombre y de los integrantes de la banda ¿cuál es la verdadera diferencia entre Estelares, Los Tipitos, y NTVG? | ¿Quién fue el ser malévolo que inventó esa cosa castradora y frustrante llamada Megavideo? | ¿De qué culo fue cagado Mario Mactas, el opinólogo de TN? | ¿Por qué pierdo el tiempo preguntándoles a ustedes, si Google y Wikipedia pueden responderme sin juzgar?
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