domingo, 24 de agosto de 2014

La verdad sobre perreros y gateros

A riesgo de quedar como esos homofóbicos que antes -o después- de decir una barbaridad aclaran que tienen un amigo gay o torta, yo voy a decir que tengo una gata. Sí, mi hermosa y peluchina Pripru, a la que amo mucho. También quiero a los perritos, gatitos y animalitos en generalito.

Bien, aclarado esto, acá va mi frase polémica: si sos proteccionista de animales, tenés un 89% de probabilidades de ser una bosta humana. Y si estás dentro de ese 89%, sos mujer hétero (esto es una cuestión fáctica, no machista), de entre 18 y 60 años, casada o comprometida, de un poder adquisitivo de medio/alto a muy alto, y estás al pedo.

Estas características implican que no sepas lo que es pasar necesidades, que no tengas idea de política ni de la vida en general, y que no te gusten las personas que no están a tu nivel adquisitivo y, por ende, no viven, actúan, ni piensan como vos. No sólo no te gustan, cada noche le pedís a las estrellas que esa gente no exista.

Ah, pero tu moral cristiano-burguesa te carcome un toque la conciencia, porque estás al pedo y no hacés nada por el prójimo. Pero te las arreglaste para encontrar la válvula de escape para el pedo que tenés en el cráneo: los "angelitos de cuatro patas", como te gusta llamarlos.

Volcás toda tu cursilería y amor básico sobre los bichos, que reciben sin reclamar, que se conforman con dádivas, que con un rato de tu tiempo se las arreglan. Y por eso decís que son mejores que los humanos, que mientras más conocés a los hombres, más amás a tu perro. Porque es fácil querer a un perro.

Y ahí te deschavaste, no sabés amar. Tu amor es condicional. No acepta la diferencia y lo complejo que constituye al otro. Se caga en el fundillo de sólo pensar en el desafío de comprender y amar al otro. Desearía que los corazones se sacien con dádivas pero, sorry gordi, las cosas no funcionan así. Entonces, seguí escudándote detrás de los bichitos y equiparando su amor con el de las despreciables e inmundas personas (de paso, pregunto, ¿a qué especie pertenecés?)

Ah, y antes de terminar, quiero aclarar: tengo un montón de no amigos proteccionistas.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Avisos parroquiales

Hermanos. Todos sabemos que la hermana L ama a Jane Austen. También ama los zombies. Y ama a quien los combinó en una misma novela.  Pero odia que en Paranó no se consiga. Por eso, decidió hacer su propia versión de Mansfield Park en versión gore. Pronto habrá novedades… O quizás nunca.

Otra cosa: qué decepción el Lollapalooza Argentina. Más que nada, porque L no puede ir. ¡Mierda! Los convocamos a boicotear esa celebración de la lujuria y el pecado. O al menos, no le digan a L que fueron.

Por otra parte, la Comisión Pro Construcción del Templo Santa Doxificadora Semi Virgen y Mártira organiza un porro bingo para este domingo a las 00.15 en la guarida del Maestro Amor. Es a la canasta.

Y antes de que me olvide, el grupo de Acción Caótica organiza un viaje a Ámsterdam, para practicar el recogimiento. Luego irán a Roma a saludar al pope Hot Dog the First y se sacarán fotos junto a él y un gordo que le robó el bolo a Maradona cuando jugaba en el Nápoli. Para más información, mandar un DM al Padre Ceschi.

Pueden ir en paz. O agarrándose de las crenchas con piojos. Como prefieran.


Ey, men.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Santa Doxificadora, patrona de los gatos y los caracoles

Según el santurral, hoy se conmemora Santa Doxificadora, extra virgen de una oreja y mártira. Doxificadora nació en el año 85 de nuestra era, y tiene la particularidad de ser la única santa viva (aunque no vivaracha).

De pequeña, sintió el llamado para servir al señor. “¡Traeme el morfi, guacha!”. Llevaba los cubiertos y los colocaba en la mesa, luego le acercaba pan, un vaso, una botella de vino, y – a veces- un plato con comida.

De cuando en cuando, el señor se apiadaba de ella y le tiraba un par de monedas que ella gastaba en caramelos gomitas, los cuales disfrutaba de comer junto a niños pobres. No los convidaba, pero los dejaba oler la bolsa vacía.

Cuando creció, al señor ya no le sirvió más, y éste la  desterró para siempre de la tierra prometida, ya que a ese terreno fiscal el intendente ya se lo había dado de palabra a un grupo de tobas proveniente del Chaco.

Así, nuestra mártira tuvo que salir a buscar la forma de continuar haciendo su obra de caridad para consigo misma. En su camino, adoptó un gato, y tres caracoles, a los que asesinó, siguiendo una receta de Los Fabulosos Cadillacs.

Dicen que ahora recorre el mundo de a pie, sirviendo a cualquier señor que se le cruce, a cambio de algunas monedas, con las cuales compra caramelos gomitas, que come junto a los pobres.


Pero no los convida.

jueves, 25 de julio de 2013

Piliti

Golpetea la mesa y mira algún punto perdido en los arabescos del mantel. La pera y la punta de la nariz parece que en algún momento se le van a juntar. La boina apelmazada, el pantalón 20 centímetros arriba del ombligo. Y esa mirada perdida, que de pronto se posa en mí. El repiqueteo va in crescendo, y tapa la voz plomiza del narrador de la tele.

Le suplico: “basta, por favor”. Silencio breve. Me sigue mirando. Levanta despacito y de a una las yemas de los dedos: vuelve a tamborilear sobre el hule, desafiante. Así me desafía, porque ya no puede darme sopapos. No le queda otra, porque tengo un vocabulario capaz de responder y superar cada una de sus puteadas. En silencio y con bronca repiquetea sobre la mesa. Se escuda en sus 89 años, en la impunidad que le otorga la vejez. Quienes no lo conocen suelen decir "pobre viejito".

Le exige –como siempre- atenciones a la abuela, no deja a nadie tomar un mate en paz, y maltrata a todos –costumbre que conserva desde que tengo memoria. De vez en cuando, también abre la boca para jactarse de su sangre vasca, para decir que las “muchachas” se enamoran de sus ojos verdes, o para recitar guarradas en guaraní. No tiene Alzheimer, está demente, pero sabe bien cómo hacer rabiar a la gente y lo disfruta.

Me llama despectivamente, con mala intención. Cuando estaba bien de la cabeza también lo hacía, se burlaba de mí hasta que fui adolescente y comencé a responderle. Siempre tenía mal semblante, y puteba porque alguien le sacó una herramienta, o porque lo molestaba el perro, el gato, la tortuga, o la cercanía de cualquier ser viviente, en especial si se trataba de alguno de sus 16 nietos. Le molestaba que los chicos jueguen y cuando no estaba durmiendo hacía todo lo posible para interrumpir la más inocente recreación que pudiéramos tener. Despotricaba, castraba, castigaba: así era Piliti.

Mis buenos recuerdos a su lado son tres: cuando me llevaba a la “placita del tobogán bajito”, cuando me daba rhodesias a cambio de un cantito, y una vez que nos regaló zapatillas a mi hermano y a mí.

En cambio, ninguno de sus recuerdos –malos ni buenos- están emparentados con nosotros. O por lo menos, nunca me contó una historia en la que intervinieran la abuela, mi madre, mis tíos, o alguno de los nietos.

Cuando recordaba, era como si monologara. Fui testigo de varios de esos monólogos cuando era chica; monólogos muy breves que ni mamá, ni la abuela habían escuchado. Conmigo no se sentía observado, quizás me percibía como algo más que un potus, como si fuera uno de esos borrachos perdidos que lo acompañaban en las pulperías de Feliciano, que no emitían palabra y apenas prestaban atención a lo que decía.

Pero yo sí escuchaba. Escuché que al tatarabuelo lo mató un malón en el norte entrerriano. Escuché que el bisabuelo era maquinista ferroviario y murió en un manicomio, cuando Piliti tenía 6 o 7 años. También escuché que al enviudar, la bisabuela se volvió a casar y a él lo mandó a vivir con unos parientes a Corrientes, quienes lo hacían trabajar y nunca le dieron un par de zapatos. Su único juguete era una pelotita de goma.

Uno de los datos que más recuerdo, aunque él lo contó como al pasar, fue cuando se enfermó. No tenía más de 10 años y le salió una protuberancia en el abdomen. Sus tíos –o no sé qué tipo de vínculo lo unía a esos parientes- lo mandaron a una curandera. Completamente solo, recorrió varias leguas a pie. Cuando llegó a lo de la mujer, ésta le frotó un mate vacío sobre el abdomen, dijo unas oraciones y lo mandó de regreso. Al día siguiente, la protuberancia había desaparecido.

Supe que fue obrero en una fábrica en Rosario, y que volvió a Feliciano un año antes del golpe del 55’. Fue militante peronista y andaba armado en la época de la llamada “Revolución Libertadora”.

También me contó que una vez vio un fantasma, pero que la aparición lo ignoró, y siguió caminado sin dirigirle ni una mirada. Escuché además que con un grupo de amigotes cagaron en la puerta de un rancho en el que había un baile al que no los habían invitado, y que todos los paisanos se encacaron los pies al zapatear.

Esas cosas me las dijo alguna vez, no hay forma de que yo las haya inventado. Estoy segura, aunque muchos no me crean o digan que estoy confundida. Y mientras pienso en todo eso, me olvido -por un momento- de lo mucho que me enerva el repiqueteo sobre la mesa y de lo extraño que me parece que los demás amen a sus abuelos.

lunes, 22 de julio de 2013

Cinco opciones prácticas para pasar el invierno

¿Harto de congelarse las manos hasta el borde de la gangrena? ¿Quiere ir al teatro pero esa insoportable tos perruna lo hace protagonista de un bochornoso espectáculo? ¿Cansado de quemar todos sus jeans por exceso de culi-estufa? ¡Pare de sufrir! Doxificadora le ofrece un abanico de soluciones para combatir las bajas temperaturas. ¡Elija la suya, o váyase a cagar!


1. Gane la lotería y múdese al Caribe.
Pros: Playas paradisíacas, calor todo el año, lomos bronceados, y gente negra.
Contras: Alto riesgo de no ganar la lotería y que sus expectativas queden completamente destrozadas. Puede morir congelado al quedarse inmóvil frente a la vidriera de la tómbola. Asimismo, gente negra.


2. Hiberne.
Pros: Largas horas de sueño, temperaturas agradables, no tendrá que preocuparse por problemas cotidianos.
Contras: Posibilidad de perder el trabajo por ausentismo, morir de inanición y que su cadáver sea empomado por el oso grizzly con el que comparte la caverna.


3. Consiga trabajo en una panadería.
Pros: Ambiente laboral calefaccionado por hornos industriales, constante aroma a confituras y pan, desayuno gratis.
Contras: Ambiente laboral calefaccionado por hornos industriales durante el verano, constante olor a confituras que puede asquearlo y tres meses de desayunos a base de harina pueden volverlo un obeso mórbido. Riesgo de falta de obra social y, por ende, muerte.


4. Pida a su abuelita que le teja un enterito.
Pros: Estará abrigado. Su abuelita se pondrá feliz de que usted le solicite una de sus confecciones.
Contras: Riesgo de parecer un teletubbie. Altas posibilidades de ser víctima de bullying. Muerte.


5. Muera.
Pros: No pasará frío nunca más en este mundo enfermo y triste.
Contras: Gusanos. Putrefacción. Muerte.



lunes, 27 de mayo de 2013

Grasada

No me canso de reiterar que este blog es autorreferencial; por ende, este post también orbitará en torno a mi, cuan asteroide alrededor de un hermoso, complejo, exótico y sexy planeta.


Esta noche, os invito a explorar otra de mis facetas: mi aguda capacidad para determinar qué es “lo grasa”. Esta palabrita tan corta y resbalosa sirve para definir ciertas actitudes que hacen que una persona sea grasa o, al menos, tenga lapsus de grasitud.

Pero, ¿de qué hablamos cuando llamamos grasa a una persona o a ciertos comportamientos de una persona? La verdad, es un término cuyos límites están en constante corrimiento. Y es difícil de definir globalmente. Por eso, prefiero enumerar una serie de atributos, comportamientos e inclinaciones que hacen que una persona pueda ser catalogada como grasa, en especial, si repite estos ítems con frecuencia o en forma permanente.

Antes de comenzar con mi listado, debo aclarar que existen algunas tendencias ya difundidas y que delinean a groso modo lo que es un grasa; a saber, escuchar Arjona, hablar a los gritos, usar la camisa desprendida hasta el pecho, poner calcomanías “familia feliz” al auto.

Estos puntos, si bien son muy acertados, también son muy generales.  Así que aquí pasaremos a un análisis más minucioso, con detalles a veces imperceptibles, que determinan que a una persona le chorree o no el chicharrón.


1. Usar el colero flojo y a la altura de la nuca (este factor se acentúa si se trata de una mujer).
2. Decorar las tortas con maní picado y cerezas de gelatina (es peor si son cerezas verdes).
3. Tunear el automóvil (doblemente grasa si se le adosan luces de neón  las llantas)
4. Usar musculosa (esto sólo es aplicable para hombres, excepto que se encuentren en el gimnasio)
5. Usar  zapatillas deportivas con jean.
6. Usar zapatos de vestir con pantalón de buzo.
7. Decorar un espacio con flores artificiales (se acentúa si se trata de flores de goma eva)
8. Tomarse una fotografía y agregarle el nombre con cualquier programa de edición (es peor si se trata de Paint)
9. Beber Frizzé.
10. Contar chistes de suegras.
11. Usar remeras con inscripciones que contengan chistes de suegras.
12. Referirse a su pareja como “mi señora”.
13. Describirse a uno mismo como “trankilo”, “dulce”,  y/o “chico común”
14. Sacarse fotos montando una motocicleta (y usarla de perfil en Facebook).
15. Decorar el living con merchandising futbolístico.
16. Consumir salchichón primavera o fiambrín.
17. Escribir duplicando las vocales que componen el nombre o apodo. Ejemplo “Guiilleermoo”, “Tuurriitaa”.
18. Insultar a una persona llamándola “gorda/o petera/o”.
19. Usar ropa de nylon.
20. Tatuase  una letra china.

jueves, 7 de marzo de 2013

Doxificadora se dirige a las masas (y no de las finas)

Sí, ya sé que ustedes estaban esperando con ansias la segunda parte de Doxificadora’s Friky Hippie Show. Bueno se van a tener que aguantar, porque hoy me quiero referir a algo que pasó en estos días.

Se fue Chávez, el dictador. Como buena cristiana, no me voy a alegrar por la muerte de una persona. Peeeeero… espero que esta sea una oportunidad para que Venezuela pueda volver al sendero del bien, occidental, lejos del comunismo, y más cerca de los EE.UU., que sólo se preocupa por el bienestar del pueblo venezolano.

¿Dónde quedaron esos hermosos eventos para elegir a Miss Venezuela, que casi siempre terminaba convirtiéndose en Miss Universo? ¿Dónde quedaron las memorables telenovelas que proyectaban el Ser Venezolano al resto del mundo? Bajo la bosta chavista, ahí quedaron. Tapadas por estiércol bolivariano, como la pobre Catherine Fulop, que tuvo que huir de esa dictadura que le censuraba hasta los pezones.

En vez de eso, ¿qué hay ahora? Se los voy a decir (no es que yo haya ido, pero me lo contó Jorge Lanata, que se cortaría una de sus manboobs antes de faltar a la verdad): trotskistas. Gente que no tiene ni para comer, pero anda hablando de expropiar fábricas y cerrar medios independientes. Masas coptadas por los rojos, que salen a prepotear, empujar,  y tirar pedos a quienes no piensan como ellos.

Pero, volvamos al Cono Sur. ¿A qué republiqueta les recuerda el panorama arriba descripto? BINGO. A Argenzuela. Acá, los pobres –hablemos con propiedad, los cabezas- están siendo engañados por los montoneros que ostentan el poder.

¿Cómo los engañan? Alentándolos a consumir cosas que no son de primera necesidad. Todos sabemos que el primer derecho del pobre es el derecho al guiso. Pero no, ellos compran celulares, motos, computadoras. Van a la peluquería, llevan a sus hijos a McDonalds. Y por supuesto, chupan. Y a todos esos vicios se los pagamos nosotros, la clase media, Juan Pueblo.

Lo bello, el ocio, la educación, el esparcimiento, todas cosas innecesarias para las clases populares.  Pero ellos ahora quieren igualarse, porque claro, ahora TODO ES PARA TODOS (y todas).

Deberíamos seguir más el ejemplo de países que saben atender las necesidades de la pobreza. Como la India que, con gente de gran corazón como lo era la Madre Teresa de Calcuta, mata dos pájaros de un tiro: da un plato de guiso a los negritos con los mocos colgando, y salva su alma.

Porque por algo existen los pobres: para que los pecadores seamos piadosos, y nos vayamos al cielo. 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Doxificadora’s Friky Hippie Show


La noche de viernes estaba fresca e invitaba –como es costumbre- a quedarme en casa, disfrutando de una deliciosa lata de atún en aceite, frente a la tibia compañía de Anabela Ascar por Crónica TV.

Sin embargo, mi instinto por buscar la verdad –que no es otra cosa que la realidad- me quitó de un tirón las pantuflas y el jogging estirado, para llevarme a una aventura psicoretrohippiefalopera. Please, be welcome to Doxificadora’s Friky Hippie Show.

------

[Haceme el favor e imagínate la voz de Morgan Freeman leyendo los créditos]

Starring… Doxificadora
Co Starring… The rest of the world
Screenplay… God
Directed by… Flor Kirchner
Produced by… Amelia Bence

------

Una fuente de confianza me había advertido acerca del descontrol y salvajismo imperantes en un lugar inhóspito, aunque ubicado muy cerca de esta urbe prolija, avanzada, y organizada que es Paranó. Descontrol que se produce una vez al mes, cuando la luna llena alumbra y hace picar los traseros llenos de parásitos de esos seres felices conocidos como hippies.

A las 23, me encontré en plaza Saenz Peña con mis dos guías, quienes disfrutaban de un porro tamaño familiar sentadas bajo un árbol abonado por heces de borrachos. Ambas me arrastrarían hasta el puerto de la ciudad de Paranó en un remís de dudosa procedencia. Durante el camino, la más excéntrica de las dos comenzó a aullar canciones de Liliana Felipe, amenazando con  que “no alcanzaría toda la leña del mundo para incinerar su histeria, porque era lo máximo”, o algo así. 

Pero ese pequeño y patético preludio no pudo prepararme para lo que vendría...



TO BE CONTINUED. 

lunes, 22 de octubre de 2012

Surreal

Llegué tarde al trabajo, y mi jefe me dijo que me vaya: “Gurisa, apercibimiento. Cómo me hacés esto, justo hoy que aumentaron el precio”. ¿El precio de qué? No sé. Lo que sí sabía era que no había sido buena idea ir al laburo doce horas tarde, descalza, en corpiño y con un tocado de frutas tropicales en descomposición. De regreso a casa, cuando faltaba una cuadra para llegar, apareció una vieja muy alta en una bicicleta antigua. Me obstaculizó el paso y sacó un cofrecito. Yo estaba muerta del cagazo, temblaba como una hoja y las bananas podridas se caían de mi cabeza. La mujer –que ahora era joven- abrió la cajita y me mostró un pollito bebé muerto. “¡Tenés que comer algo!”, jadeaba, y me acercaba el cadáver a la cara. Empecé a gritar, pero la voz me salía bajita y ronca. El cielo se ponía cada vez más oscuro –olvidé mencionar que estaba nublado-, se aproximaba un huracán. Salí corriendo, pero la tipa ni se esforzó en perseguirme. En la calle no había nadie, tampoco los que minutos antes me esquivaban con la mirada para no ver un bizarro remedo de Carmen Miranda. Subí a un colectivo que justo pasaba por allí; estaba lleno de personas conocidas cuyos rostros no me eran para nada familiares. Eso me perturbó, pero no tanto como la anónima y lasciva tocada de culo que alguien me propinó, aprovechando que el bondi estaba rebosante de gente. Bajé del vehículo en marcha, en una avenida sin veredas y flanqueada por murallas altísimas cubiertas de enredaderas. Caminando contra uno de los paredones, llegué a una casa. Estaba llena de almas en pena. Entré igual. Una puerta se azotó y me quedé dura de terror. Intenté escapar por una ventana alta –aunque a ambos lados había puertas abiertas-, y cuando conseguí trepar, alguien (o algo) jaló mis pies, pero finalmente me dejó ir. Salí a un patio antiguo, con galerías, tres puertas, y chivatos de ramas largas. En lugar de correr, abracé fuerte el tronco de un árbol y me largué a llorar amargamente. No de miedo, sino porque extrañaba a mi tías abuelas. Al final, salí de la casa: estaba en calle La Paz al 600. Era un atardecer de verano como los de mi infancia, el cielo estaba dorado, y había olor a tierra mojada. Me encontré a mi profesor de piano, que me cubrió la espalda con una campera. Y me acompañó. Creo que a casa.


PD: Estuve leyendo mis textos anteriores y pude comprobar que últimamente no estoy escribiendo bien. Lo adjudico a que estoy haciendo las paces conmigo, mi entorno y el mundo en general.  Ya no me enojo tanto. Un poco es resignación, y un mucho es que estoy canalizando mis fuerzas hacia otras personas (que no sean mis otras YO).  Pero también temo estar dejando que mi creatividad se escurra.  Porque hacer algo bien cuesta pasión, esfuerzo, hacer carne el camino. Por eso en muchos ámbitos me va mejor. Y así, pasé de escribir aceptable, a hacer catarsis y luego a escribir “cacarsis”, si se me permite esta expresión de mierda recién inventada… creo que me voy a tomar un break para reinventar este blog. O hacer otro.

martes, 9 de octubre de 2012

Mix de C


Contrafestejo
Hace un par de días fuimos con una amiga al Contrafestejo del 12 de Octubre, que cada año se realiza en un callejoncito de esta esquizofrénica ciudad en la que vivo. Y me encontré con todo lo que había previsto: exceso de pantalones amplios a rayas, hippies caretas que documentaban cada detalle con sus Iphones, algún dejo de olor a chivo sobrevolando la concurrencia, amigos y conocidos, cerveza a raudales, tambores copados, pañuelos y aros exagerados adornando las cabezas del 70% de las mujeres, niños que necesitaban un cambio de pañal, otros que necesitaban un cambio de actitud, rubios platinados con el mode “pachamama originaria” on. Y, como no podía ser de otra forma, mucha diversión.

Cat
Empezar a vivir sola con una gata bebé me hizo reflexionar y descubrir muchas cosas en estos últimos días: mi ropa negra va al muere y no voy a tener nada negro que ponerme para hacerle el luto; comencé a limpiar rincones de la casa que nunca antes había tenido en cuenta; el alimento les deja muy mal aliento; desde que la traje -hace cinco días- utilicé el sonido “sh” y la letra “i” más que nunca; reduje mi vida social y empecé a comportarme como madre; hablo más (pero con ella); descuidé mi aspecto hasta el punto de olvidar desinfectarme los rasguños y mordeduras que tengo en manos y piernas; me pongo pelotuda (por ejemplo, al tratar de convencerla que vea conmigo Los Aristogatos en la compu), miro tres veces antes de dar un paso. Y, sin embargo, soy feliz.

Crisis
Dicen que la crisis es oportunidad. Por lo visto, a lo largo de mi vida tuve muchísimas oportunidades y aproveché muy pocas. Ahora tengo una oportuncrisis muy pequeña: me siento artísticamente estancada. Tengo que darle una vuelta de rosca a mi creatividad y a mi expresión. Ya conseguí un nuevo piano y aparecieron dos grupos de personas que quieren juntarse a cantar. ¿Será que por fin voy a tener la rock band que soñaba de pendeja? Ya veremos...

C is for cereal

jueves, 23 de agosto de 2012

Re-flecciones




-“La naturaleza es sabia”. Te miro, y pienso… “nah”.

-Vos te comiste el personaje, pero a la que le dan náuseas es a mí.

-Tuve un día horrible, pero cuando te vi atravesar esa puerta, supe que también llueve sobre meado.

-Tú me quieres blanca, tu me quieres pura. Enterate: no soy merca.

-El que se quema con leche, ve a John Holmes y llora.

-Al que madruga, le toca hacer el desayuno.

martes, 31 de julio de 2012

Resurrexit

Me levanté de la siesta extrañando a alguien que nunca existió. Y con mucha bronca; contra esta vida, porque existe otra en la que no vivo. No puedo ser todos, ni todo.


Es un malestar que se me va a pasar mañana, pero a medias: vi “eso otro” que no se cómo se llama, y eso me vio, y se absorvió horas -no sé cómo se mide- de mi pulsión de vida. Cómo aferrarme a esa sensación que me invadió y ahora me abandona de a poco. Sólo me queda asir la taza de té que acabo de tomar y que todavía está tibia aunque, irremediablemente, se enfriará.


Y siento que no hice nada, desperdicié una valiosa tarde de martes en dormir y conocer vidas inexistentes, cuando acá hay todo un mundo al que le debo algo. Desde plata hasta visitas, desde trámites hasta dedicación personal.


Me debo cosas a mí, metas que me propuse y aún no me arrimo a la largada. Pero no voy a llorar, el tiempo no escucha lamentaciones, se mueve, sigue, y no le importa pasar a mil por encima mío cuando me echo una siesta suicida en sus vías.


Quizás sea eso. Esta tarde me mató el tiempo, y ando mal resucitada. Todavía faltan tres días.


lunes, 23 de julio de 2012

No sobran motivos, pero...


¿Será que el mundo se va a revelar ante mi como algo totalmente distinto o la cotidianeidad se cotidianizará aún más y mejor? ¿Qué pasará cuando llegue ese día?

Honestamente, dudo que un hito de cabotaje, común y silvestre sea la llave que abra las puertas de entrada a la vida, como si no estuviésemos ya atrapados en ella, o -si suena muy pesimista- librados a sus vitales antojos.

Así que me inclino por lo segundo, por las cosas de todos los días. Quizás, los mates lavados que desayuno en el trabajo tendrán mejor cuerpo. O mi perra finalmente se digne a darme la patita. A lo mejor los huevos fritos no se me desarmen en la sartén, y mi vecino deje de joder a la madrugada. Mmm... dudo.

La única alternativa a la cotidianeidad sería un yunque reventando mi cabeza cuando esté yendo a buscar el título. Seguro todos señalarán mis sesos con el índice y se lamentarán “qué ironía; justo que empezaba a vivir...”.

En fin, licenciada. Lic. Un antes y un después del título, señoras, señores, y hermafroditas. Antes, nada. Después, mi nombre.

Pero, licencia para qué. ¿Para matar? ¿Para conducir? No, para “comunicar”. Por favor, todo el mundo tiene licencia para y derecho a hacerlo. Es más, ya lo estoy haciendo y hasta me pagan por ello.

Así que, ¿por qué? ¿Para qué recibirme? He aquí un listado breve, que preparé para incentivarme.


-Por el honor (a ver si consigo un poco de eso de una buena vez).

-Para que me tiren un mango más en el laburo (el dinero no es todo, pero...)

-Para que madre pueda hacer alarde de mi (no soy linda, no estoy casada y no le di nietos)

-Para hacerme la ofuscada cuando alardee pero, en el fondo, inflarme como heces en kerosene.

-Para cerrar un círculo que abrí en 2003, y que se está convirtiendo en agujero negro.

-Para colgar el cuadrito, y decir “lo hice, oh fuck my ass, I did it!”.

lunes, 4 de junio de 2012

Charla Brown


Esa noche, mientras luchaba contra el sueño -que, por cierto, me estaba abatiendo-, tuve una epifanía: las conversaciones con cada persona pueden tener su correlato en objetos. Recordé una charla que había tenido en el día, y pensé “era un tronco”. Sí, las palabras de esa persona me avasallaban como un rollo de madera, aplastando los palitos -o acotaciones- que yo interponía a su paso. No escuchaba; monologaba.

Con otras personas, las conversaciones han sido videojuego. Interactuábamos, sí, pero con un grupito de reglas muy limitantes y convencionales. Ella sabía lo que yo diría, y yo sabía lo que ella iba a contestar. Los movimientos estaban prefijados, y siempre lo estarán. Pim, pam, pum. Arriba, abajo, abajo, abajo, adelante, adelante + GB. Fatality!

También está esa gente con las que sólo mantenemos charlas cajitas de fósforo: se consumen rápido, en cuestión de segundos. Ambos nos damos cuenta y nos ponemos incómodos. Abrimos la cajita, damos otro chispazo, se apaga enseguida. Silencio incómodo. Raspada. Fueguito. Palito quemado. Silencio.

Y las que más me gustan son las charlas jazz. Sabemos por donde viene la cosa, pero no cómo va a terminar. Cada cual agrega notas, nos vamos por las ramas, nos seguimos mutuamente, pero siempre manteniendo la armonía. Como un piano y un clarinete que juegan, y crean una obra de arte.







sábado, 26 de mayo de 2012

Mirá vos, che…


Perdí la diplomacia. Bueno, no con todos, con ciertas personas. No es que ande por la calle puteando a la gente, ni  señalándome las partes y haciendo gestos obscenos. Pero ya no me interesa decir o dar a entender que no soporto a alguien. Sencillamente, no disimulo que me importa más saber cuánto cuesta el kilo de rábano en Singapur que enterarme de lo que opinan algunos/as.

Antes, esa cualidad de mi personalidad me preocupaba. Pero ahora aprendí a manejarla, y a usarla cuando es necesario.  Y, ojo, no se trata de justificar comportamientos inmaduros, de camarilla berreta, ni darle vuelta la cara a alguien sólo porque no me gusta su ídem. A esa etapa pendejil la superé hace… unos 6 meses.

El asunto es que ya no puedo sobrellevar con una sonrisa que alguien me censure con apreciaciones morales, sobre todo, si se tragó el personaje de Kant. You “kan’t” tell me what to do, how to feel, or think. NO, YOU KANT. Tampoco voy a aceptar vincularme con gente declaradamente chota y jodida, en especial, si esa chotez/jodidez va dirigida hacia mi persona.

Es por eso que la limpieza del caralibro arrasó con unos cuantos. Y también, es por eso que mi cara es transparente –metafóricamente hablando por supuesto-: si algo no me gusta, no necesitarán preguntar demasiado.

Y, de vez en cuando, está bueno decir no, no me gusta, no quiero, no tengo ganas, o go fuck yourself with a cactus. Es más, si alguien piensa que sería apropiado dispensarme alguno de estos enunciados, siéntase libre de hacerlo. Al fin y al cabo, es inútil sostener caretas (salvo que estemos en Venecia, pero no, estamos a unos cuantos metros sobre el nivel del mar. Y no es carnaval).

Aclaro, están en todo su derecho de tener valoraciones negativas sobre mi persona, o sobre lo que escribo. Pero, recuerden también, que están en todo su derecho de alejarse de mi blog, de mi facebook, y de mi vista.

Viva la patria.

lunes, 30 de abril de 2012

Doxificadora paralela


[Transcripción de una grabación encontrada en un baúl de la doxoadicta L]



"Shh. Silencio, no se muevan. Tengo mucho miedo. No se que es lo que pasa. Algo salió mal. Son las 4 a.m. Realizo uno de mi viajes en LSD de rutina, pero esta vez tengo que reportar algo muy extraño. No hay gente de color flúo, ni vistas de caleidoscopios, ni mariposas brillantes, ni excrementos con sabor a mousse. No, nada de eso. Shh. Shhhh, les dije. Estoy viendo un mundo como el que conozco, pero no puede ser mi mundo. Estoy en un lugar que se parece a mi habitación. Veo a un tipo que me mira fijmente, con cara de pocos amigos (…) Intentaré tocarlo... pero me estira su mano. ¡No, quiere darme un zarpazo! ¡Ahhh, mamá! ¡Maamiiiii! (...) Estoy asustada. Tengo miedito, mucho miedito. Pareciera que él se asusta también. Retrocede. (…) Ahora me imita, hace todo lo que yo hago. Basta. ¡Basta, he dicho, hombre horrible! (...) No se le alcanza a ver muy bien el rostro, tiene puesto un buzo canguro, con la capucha en la cabeza (...) Ahora se quedó quieto. Debe estar tramando algo, pero no me animo a moverme. Respiro muy agitada, estoy temblando. Él también. ¡Oh, mai gosh! Se le cayó la capucha y... ¿es una mujer? ¡Un momento! Es como una versión desmejorada de mí misma, está desgreñada, ojerosa, gorda, chacuaja... ¡Claro! ¡¿Cómo no me di cuenta antes?! Sólo puede ser... ¡mi yo paralela! (…) De alguna manera, mis constantes viajes en ácido abrieron una suerte de ventana al otro universo. Es una cuestión científica, física cuántica, eso es (…) Qué feo corte tiene la gordi (...) Creo que debería recomendarle a mi peluquero, porque en el universo paralelo tiene que existir otra versión de Claudio Fabián. Capáz que el del otro lado ya cumplió su sueño de hacerse las tetas (…) Uf, esta chica es un poco inerte. Movete, movete, gordita movete (…) Me abuuuurrooooo (…) ¡Golpean la puerta! Voy a abrir, pero sin darle la espalda. ¿Eh? ¿Ella también se para a abrir su puert...¡Hola, má! ¿Qué hacés acá? ¡Pero qué bueno que viniste, porque estoy preocupada! No, te juro que esta vez es en serio. Sí, mirá la tipa que está all¡ahora llegó otra! ¡Y es re-parecida a vos! Pe-pero tiene el culo más ancho. Mirá, tiene cara de enojada. Y súper arrugada. ¡Ay, no! ¡Le pegó un cachetazo, pero me dolió a mi! Maaaamiiii. Volvéeee... buaaaa..."

miércoles, 18 de abril de 2012

Full metal blog


No tengo muchas cosas, pero estoy contenta de tener un blog. Porque acá puedo decir lo que me plazca, como me plazca, cuando me plazca. Let's focus on me, because this is my blog. Yes! Este es mi blog, hay muchos otros, pero éste es el mío. Mi blog es mi mejor amigo [cuando me siento forever alone] y es parte de mi vida, intento dominarlo, pero ni siquiera me domino a mí misma. Sin mí, mi blog no sirve; sin mi blog, sobreviviría [y el mundo sería un lugar mejor]. Con mi blog, tengo que atinarle un poquito de mierda al elefante que cada dos por tres me caga desde arriba de un pino. Intentaré darle antes que me de a mí, lo haré. Esto que digo, lo juro ante Dior.



[Esto es lo que pasa cuando quiero escribir y no se me cae una idea...]



[Jódanse por pasar]

martes, 10 de abril de 2012

Bagres en la red

Soy dulce y sentimental”, escribe un bolontoño en su perfil de una conocida red social. Honestamente, eso me suena a golpeador de mujeres que después llena de pétalos de rosa la cama para tapar las manchas de sangre de sus víctimas anteriores.

Otro se describe como “un chico común y tranquilo”, lo cual no dista de jactarse de ser un mediocre aburrido.

No dejemos afuera a las chicas: una dice ser “re loka ii fiiesteeraaaa”, mancillando las reivindicaciones de más de un siglo de movimientos feministas. 

Esto evidencia que hay gente que se toma muy en serio lo del marketing personal. Lástima que su noción de mercadeo está al mismo nivel que la de la pescadería “El moncholo sexy”. Suena horrible, pero saquémonos las caretas: las redes sociales fueron diseñadas como vidrieras en la cual exponer el pescado, antes de que se pudra.

Y no es que quiera hacer una apología de la mercantilización de los seres humanos. Lo malo es que a la mayor parte de la gente no se le ocurre darles un uso alternativo. Es más probable que mi abuela haga la vertical en el inodoro antes que encontrar a 5 personas interesantes en esos espacios virtuales.

Bueno, era una queja que me venía aquejando desde hace unas cuantas quejas atrás. Breve y concisa.


O revuá, zoquetes!

martes, 27 de marzo de 2012

El mambo de las princesas


¿Quién les pagó las sesiones de terapia a Rapunzel, Blancanieves, y la Bella Durmiente? ¿Cómo es posible que con un beso del Príncipe Azul -que por lo visto era bastante gato, porque aparece en la mayoría de las historias- vivan felices para siempre, después de las situaciones traumáticas por las que tuvieron que atravesar?
Si mi padre no me da bola, mi madrastra me trata como a una sirvienta e intenta asesinarme, una bruja me encierra en una torre en el medio de la nada, o me pierdo varios años de mi vida vegetando en el bosque y rodeada de enanos lascivos que no se bañan... medio que el besito de un tipo al que ni conozco no alcanzaría para ponerme up sin dejar secuelas.
Por mucho menos, Lady Di era depresiva; y Letizia, la princesa de Asturias, es anoréxica. Un final más realista, las describiría viejas y llenas de joyas, empinando el codo en la taberna del pueblo, y maldiciendo a Merlín, Cachavacha y la puta que los parió.
O esas tipas no tenían alma, o Andersen y los Grimm eran unos cuenteros.

martes, 13 de marzo de 2012

Vértigo en la gola


Empecé por el título, como hacía Saramago. Me gustó la ocurrencia, pero no se me ocurre cómo continuarla. Sólo podría agregar que Sara debería ser maga. Sino llamarse Saro, o Sar. Pero parecería una palabra mal escrita, como rei o emperatrís. Quedaría deforme, un vocablo Quasimodo, haciendo sonar las campanillas en gargantas ojivales, saltando de boca en boca, sin temor, sin miedo, sin vértigo. Con el único deseo de salir y ser escuchado. Pero con miedo a ser malinterpretado. Salvo en España, donde la z se hace valer, joder. ¡Viva esa diferencia! ¡Viva la diferencia! ¡Viva España! ¡Muera el Rei! ¡Viva el Sar! El Sar que es mago. Que hace hechizos, dice las palabras mágicas, arma las frases como le plazca. Y, si quiere, les da sentido, que es lo de menos. Él juega, hilvana y la descose. Es como Messi, o como el Diez; no como O Rei, que es sensato y pausado. No. El mago cose y descose, la plasticola no le sirve. La disuelve el agua. A las palabras se las lleva el viento. Mejor perderse que quedarse. Mejor irse por las ramas. Y no volver.